sábado, 20 de junio de 2009

"M", Fritz Lang (II)


Fritz Lang, casado desde 1919 con Lisa Rosenthal conoce, en el invierno de 1921, a Thea von Harbou, su guionista en la etapa alemana y, desde ese invierno, su amante. Ese 1921, Frau Lang descubre a su esposo en los brazos de von Harbou y decide suicidarse, coge el revolver de su marido y se dispara en el pecho. La implicación de los amantes Lang y von Harbou nunca quedó del todo clara, pero la negación de auxilio es una de las posibilidades más barajadas. Este episodio marcará profundamente al director y configurará una de sus obsesiones temáticas; todo hombre es un asesino en potencia.

Del año 1921 pasamos al 1931 post-crak del 29, con una Alemania destrozada por la inflacción y un Fritz Lang que ha perdido muchísismo dinero y prestigio tras el fracaso de "La mujer en la Luna". De fondo, además, se encuentra el preocupante ascenso del nacismo. En este contexto, Lang rueda "M" (El vampiro de Düsseldorf). Posiblemente una de las mejores películas sobre asesinos en serie.


El "vampiro de Düsseldorf era una joya de hombre, con antecedentes de padre alcohólico, que desde 1913 a 1930 se dedicó a asesinar a mujeres y niñas pequeñas, y de paso beberse su sangre: Escalofrío.com

Durante el juicio, se dedicó a escribir cartas a los padres de las víctimas en las que se disculpaba de una manera muy peculiar: alegando que él necesitaba beber la sangre lo mismo que otras personas necesitan beber el alcohol...

En 1930 fue atrapado y en el juicio de 1931 se le sentenciaó a 9 condenas de muerte, las cumplió.
Con el asesino todavía en la memoria colectiva, Fritz Lang vio la oportunidad de volver a sus temas favortos; el individuo como elemento de la masa y el que todos los hombres somos unos asesinos en potencia.
Así la trama recoge como, tras una última víctima, la policía relaciona estos crímenes con los de años anteriores y se decide a encontrar al asesino en serie. Ante la ineficacia de los policías, se organizan patrullas ciudadanas y la paranoia se apodera de los vecinos y la prensa, que creen ver un asesino junto a cada niño. En estas la mafia, afectada por la fuerte presencia policial, decide también dar caza al asesino, creándose un triángulo policial de personajes aburdos. Al final es la mafia, poniéndo de manifiesto la ineficacia policial, quien atrapa al asesino y lo juzga en un tribunal popular formado por gente de los bajos fondos. A punto de ser linchado, la policía lo salva y le juzga el Poder Judicial.



A esta película incorpora por primera vez, Fritz Lang, el sonido, que había aparecido en 1927 ("Jazz singer"), convirtiendo, como siempre, a la película en una suerte de experimento estético de Lang, aunque el guión de Thea von Harbou era más de suyo que de ella. Entre sus creaciones podemos destacar el uso del sonido al margen de la imagen, una suerte de voz en off que usa como transiciones, aunque en otros momentos chirría en exceso. También podemos apreciar las innovaciones técnicas que estaba incorporando Lang a su cine, así abundan los travelling, los planos en picado. Pero su mayor innovación es la introducción en el cine, por primera vez en la historia, de un leit motiv claro, ese silbido perturbador de "In the hall of the mountain King", que el asesino repite con cada víctima.


En cuanto a la temática ya he referido el estudio de la masa y el hombre. Al igual que "Metrópolis" y "Furia", aquí la masa es un engrendo heterogéneo de personas que actúan ante la menor provocación. Se aprecia en el director un notable desprecio por sus acciones. El otro gran tema es el hombre como asesino, así, tras presentar al asesino con breves rasgos físicos, psicológicos e incluso grafológicos, de una manera genial y provocadora, consigue incitar el odio natural del espectador. Más tarde, durante el juicio popular, y tras 10 minutos de un glorioso discurso, Lang nos presenta al asesino como un pobre hombre, débil, paranoico, enfermo, inconsciente de sus acciones. Un juego genial de transmutación de sentimientos que rompe al espectador.

Existe por tanto una deshumanización de los personajes que se ve ante la ausencia de protagonistas y una tendencia a llevar hacia el ridículo y la burla las acciones del pueblo. Destaca, por tanto, el abogado defensor, pobre, demente y alcohólico, quizá el único personaje realmente inteligente de la trama.
Es curioso que fuese, precisamente, esta deshumanización la que hizo ver al régimen nazi (que acababa de censurar "El testamento del Doctor Mabuse") una posible filiación con Lang, dándose la mítica frase de Goebbels;

Herr Lang, nosotros decidimos quién es judío, y quién no

Fritz Lang, de ascendencia judía, abandonó Alemania ese mismo día.


Sí bien es cierto que existen analogías entre el film y el ideario nazi, son pura casualidad, ya que, mientras Lang representaba al lider mafioso como a un camisa parda, o un SS, los nazis aplaudían su alabanza a la eugenesia y su falta de compasión cristiana. Un chiste de locos a la altura del III Reich.

En resumen, una de las mejores películas del género de asesinos.

Bibliografía de apoyo: "Fritz Lang", Colección Grandes Directores Chahiers du Cinemas, por Aurénlien Ferenczi.

Fritz Lang en Cinemascope 35:
"Metrópolis".