domingo, 12 de diciembre de 2010

SolucionES


Esta no es una entrada sobre cine. Es sobre la esencia de la vida. También es una excusa para explicar la inactividad del blog. Pero ese es otro berenjenal.

Hace unos meses nos juntamos un grupo de estudiantes de 4º de Periodismo para darle la vuelta a la crisis. Pensamos en llamarnos Contracrisis, o La generación contra la crisis. Porque queríamos quitar la funda de pesimismo que nos envuelve. La clave estaba en poner por delante de las monedas, a las personas. Queríamos un suplemento de 32 páginas donde tu vecino o tu hermano te mirase a los ojos, y te inoculase la revolución, el inconformismo, frente a un sistema obsoleto. No es utópico. Es tan real como los desconocidos del Casco Viejo de Pamplona que se pagan los servicios con tiempo: una hora por una clase de inglés, canjeable por cuidar los niños. Y, también, ese compañero de clase que se desangra por sacar una carrea y tiene una vida oculta, llena de más esfuerzo y sacrificio.

Son soluciones mínimas, pero que demuestran que se puede seguir creyendo en el ser humano, en el bien común. Y, por supuesto, estos ejemplos se guían por la voluntad de crearse problemas, para superarlos. De no tener miedo a errar, porque la recompensa es la sonrisa ajena.

Nuestro trabajo está hecho. En la rotativa vimos el parto. Olía a tinta y papel, era sedante. Ahora es vuestro, leedlo. Y pasad por alto las horas que nosotros hemos consumido, lo importante son los protagonistas de cada página. Aunque eso sí, es obligatorio pararse en los agradecimientos, porque esas 32 páginas no hubiesen sido sin las no-vacaciones de Luis, o la mirada silenciosa de Paco, o los ánimos de Miguel Ángel y la paciencia de Sonsoles.

SolucionES
Páginas 3, 4-5-6, 7, 8-9, 10-11, 12-13, 14-15, 16-17, 18-19, 20-21, 22-23, 24-25, 26-27, 28-29, 30-31 (PDF gracias a Labuenaprensa)

viernes, 26 de noviembre de 2010

Mierdas raras... De cine


No fue Belén Rueda, pero alguien vino esa noche a vengarse de mi crítica de El Orfanato

¡Cabrones! Si tenéis a Dani secuestrado recordad que hay que darle de comer sólo una vez al día

 

jueves, 10 de junio de 2010

La trilogía neorrealista de Vittorio De Sica




Vittorio De Sica enfrenta al espectador a la realidad de los más pobres en su trilogía neorrealista: Ladri di biciclette (1948); Miracolo a Milano (1951) y Umberto D. (1952). Sus personajes son ingenuos e inocentes; y sufren por las injusticias de una sociedad vil, marcada por el hambre, el egoísmo y la guerra.

Ladri de biciclette (El ladrón de bicicletas, 1948) es una película dura, en la que el director refleja el paro en Italia, y las condiciones ilógicas para conseguir un empleo gracias a la Administración. Así, el protagonista necesita una bicicleta para poder trabajar, esa es la única manera de optar a un sueldo para mantener a su familia. Pero le roban la suya, y recorre las calles de Roma con su hijo pequeño hasta dar con el ladrón. En ese periplo tiene que superar la frustración, y la indiferencia de los demás para poder seguir siendo un modelo educativo ante su hijo.


Al igual que los demás personajes de esta trilogía, los protagonistas empatizan con el espectador porque son buenas personas, y si cometen algún acto malo, es porque la sociedad, su entorno, les empuje a obrar así. Vittorio De Sica crea a estos individuos como seres ingenuos, que comparten su amor, ya sea con una familia o con su perro, pero que nunca han tratado con la cara dura de la sociedad, o si lo han hecho, la han intentado entender. Es muy claro el ejemplo de Totò -Miracolo a Milano (Milagro en Milán; 1951)-, que entra de niño en un orfanato, y en la siguiente secuencia sale convertido en un joven alegre, que saluda a todo el mundo (como reza la película: "Que un buenos días signifique, de verdad, buenos días"), sin que medie nada más en el metraje.

Pero, al contrario de Umberto D. y Ladri di biciclette, Miracolo a Milano es una película que intenta superar la maldad de la sociedad. Se puede decir que huye del neorrealismo para grabar una idea más positiva, que a través de la magia y la bondad solucione los problemas de los más pobres. Es, por ello, un relato mucho más entretenido, porque Vittorio De Sica se permite la licencia de jugar con el humor, con fantasmas, con caricaturas de los ricos (son perros que se ladran). Y eso beneficia, al final, al espectador. Aunque las otras dos películas destacan por su capacidad de ser un reflejo de la sociedad italiana, por su labor social.

- Entradas relacionadas: ¡Viva Italia!
- Foto 1: Pek (Flickr)
- Foto 2: Žilda (Flickr)

miércoles, 9 de junio de 2010

Para calentar antes del Mundial de fútbol


Ayer, por fin, me convencí: se puede hacer buen cine (en este caso, documental) hablando sobre fútbol. El alma de la roja (rtve.es, el vídeo está disponible íntegro) de Santiago Zannou tuvo la culpa. Y eso que tampoco hay muchos precedentes memorables donde fijarse para buscar una base narrativa. Por ejemplo, Victory de John Huston, fue una anécdota graciosa con buen plantel de actores: Pelé, Bobby Moore, Osvaldo Ardiles -futbolistas-; y Stallone, Michael Caine y Max von Sydow.

Y este éxito de Santiago Zannou, a quien conocimos en San Sebastián por su película El truco del manco -protagonizada por el rapero Langui- se debe sobre todo a la estructura narrativa que usa: un repaso cronológico por la historia de España en los mundiales, con testimonios de glorias del pasado con los protagonistas de la selección actual. Por eso, es genial ver a Ramallets o a "Luisito" Suárez hablando sobre Xavi o Iniesta; y a estos últimos recordando a sus predecesores en el plantel español como Michel, Hierro o Luis Enrique. Además, con el valor que imprime el tiempo a los recuerdos, el aficionado de fútbol se reencuentra con lo que importa de verdad: el deporte, y deshecha la parafernalia mediática que lo rodea. Al final son un grupo de amigos, que por unos días representan los sentimientos de un país, y que quieren pasárselo bien, y que los espectadores disfrutemos también.

Por esta razón, también le doy mucha importancia al reportaje que hicieron en Informe Robison (Canal+, 2008) sobre la Eurocopa que consiguió España en Suiza y Austria. Se llama El sueño de la Eurocopa, y está en tres partes en Youtube. Os dejo la primera aquí (segunda y tercera), es muy recomendable:



Estos vídeos son perfectos para irse motivando ante el espectáculo del Mundial de este año -empieza el viernes-. Pero como hay tantos partidos y tantos equipos (32), nunca está mal buscar una segunda opción para seguir, yo creo que este año iré con Corea del Norte, aunque los argentinos me han tocado la fibra sensible con este anuncio, magistral, porque en esas tierras saben muy bien como embelesar:



Foto: Patrimonio públio Nationaal Archief

martes, 8 de junio de 2010

Paris, Texas de Wim Wenders


El miedo a la altura

Por el desierto de Texas camina un hombre trajeado, lleno de polvo, con una gorra roja y un bidón de agua. Desde los ojos de un ave, el director de Paris, Texas -Wim Wenders- describe el paisaje con planos largos y profundos. Entonces, el pájaro se posa sobre una roca e intercambia una mirada con Travis Henderson, el personaje interpretado por Harry Dean Stanton: no hay nadie más en el desierto.

El protagonista camina sin rumbo, se guía por la necesidad de sentirse solo. Ante los obstáculos que se le presentan, siempre se recupera y sigue, paso a paso con sus zapatos roídos, sin la intención de buscar nada o, de encontrar algo. Entonces aparece su hermano, Walt -interpretado por Dean Stockwell- y construye la historia de Travis: primero le da nombre, pues hasta ese momento el protagonista había permanecido mudo; y pasado, un hueco de cuatro años donde no recuerda dónde estuvo o qué hizo. Y, también, futuro: es padre de un niño de siete años llamado Hunter que ha vivido con Walt y su mujer duranto el espacio que Travis ha estado desaparecido.

Harry Dean Stanton encarna en Paris, Texas a un hombre que hulle de sí mismo, aunque poco a poco se da cuenta de un objetivo que él había construido, pero que había olvidado: París, en el Estado de Tejas, una ciudad cercana a Dallas en donde el protagonista tiene una finca. Allí se conocieron sus padres, y en ese sitio quería él levantar su casa, para vivir con su mujer -Jane- y su hijo -Hunter-. Paris, Texas engancha el Travis del pasado con el del futuro para intentar llenar ese vacío de cuatro años en los que el protagonista ha caminado por el desierto.

Pero falta Jane -Nastassja Kinski, hija de Klaus Kinski (en el blog: "Cuando la locura se hizo arte")-, y demostrar a Hunter que su padre puede ocuparse de él. Aún así, entre los silencios de Travis, el guionista cinematográfico crea en el hijo (casualidad: el actor es en la realidad hijo del guionista) un personaje maduro, a pesar de tener ocho años, que no necesita muchas explicaciones y que pone voz y acción a esos silencios de duda de su padre. Esta diferencia de actitud no es gratuita, y Wim Wenders la argumenta con una metáfora: Travis está obsesionado con mantener sus pies en la tierra, por eso viaja a Texas desde Los Ángeles en coche, necesita ese contacto porque tiene miedo de la altura (simbólica, que se refiere a construir realidades futuras e idílicas, como hace su hermano al levantar carteles publicitarios). En cambio, Hunter, no. Él quiere volar en una nave espacial, le apasiona el planeta Tierra, pero visto desde el espacio, como cuando habla del origen del universo (un niño de ocho años explicando la Teoría del Bing Ban): no tiene miedo a arriesgarse y subir a una altura simbólica.


Y sigue faltando Jane para cerrar este triángulo, con una historia todavía vacía. Nastassja Kinski personifica la contradicción de intentar huir de su pasado, pero a la vez mandar dinero a su hijo para su futuro. Además, tiene su trabajo también tiene una carga simbólica para Wim Wenders: se vende en un cabina en la que habla con los clientes, con un cristal mediante, que actúa como espejo para ella, pero que permite que los demás la vean. Es una mujer que sabe y quiere escuchar, las penas ajenas, pero que no quiere afrontar las propias. Y en ese espacio, Travis y Jane, sin mirarse el rostro, se cuentan en una escena memorable sus problemas, su pasado; y se van descubriendo hasta que pueden mirarse a la cara y no avergonzarse de ellos mismos.

Wim Wenders acierta de manera genial con esta narración, porque hasta ese momento la historia era construida por terceras personas, con otros testimonios como son las películas de super 8 que grabó Walt. Travis, en su silencio, se cuenta a sí mismo quién es, para después poder compartirlo con Jane. Y Hunter también ayuda, con lo poco que puede recordar de su infancio: datos e historias que su padre ha olvidado.

Paris, Texas del director germano Wim Wenders es una obra maestra

Foto 2: Tara Bethune-Leamen (Flickr)

lunes, 7 de junio de 2010

The killing fields de Roland Joffé


The killing fields (Los gritos del silencio; 1984) fue la primera aparición en la dirección cinematográfica de Roland Joffé, quien dos años después firmó la aclamada obra The Mission (La misión), con Jeremy Irons y Robert De Niro.

La historia se basa en la reconstrucción de los hechos reales escritos por Sydney Schanberg -corresponsal del New York Times en la Guerra de Camboya- en el artículo The Death and Life of Dith Pran: A story of Cambodia (20 enero de 1980). Él periodista se encarga de narrar la amistad que crea con su traductor camboyano, su trabajo en condiciones límite, y la desaparición de Dith Pran cuando es entregado a los Jemeres Rojos.

A partir de esta premisa, Roland Joffé habla sobre el trabajo de periodista de guerra y critica la actitud de muchos que encuentran en el conflicto una oportunidad para la aventura y las vacaciones. Por ejemplo, los compañeros que trabajan empotrados como periodistas oficiales en las unidades del ejército norteamericano, que no son capaces de ver o buscar la brutalidad de su Gobierno. Así, los dos personajes protagonistas -Sydney (Sam Waterston) y Dith (Haing S. Ngor)- ponen todos los medios para sacar a la luz sus propias historias de los olvidados, los civiles. En un papel secundario, pero meritorio también, figura John Malkovich -todavía tenía una carrera cinematográfica corta- como fotógrafo casi gafe, porque siempre explota algo cerca de él.


En esta primera parte de la película, el director intenta construir una amistad entre los dos personajes protagonistas, pero no acierta a la hora de crear las escenas propicias. Se puede afirmar que Roland Joffé no sabe mostrar qué hay detrás de dos amigos, o qué los convierte en ello. El único avance en esa línea de la historia que pretende mostrar la unión de Sydney y Dith se refiere a la actitud del primero con el segundo: al principio, el corresponsal del New York Times es prepotente, y trata al traductor como un simple subordinado; después, entiende que el trabajo que los dos están realizando es periodístico, los dos firman las crónicas desde Phnom Penh (capital de Camboya). Pero el guión de este apartado es una concatenación de sucesos relacionados con la guerra: un secuestro, un atentado terrorista. Incluso en un punto de la película, para demostrar que hay una amistad fuerte entre Sydney y Dith, el camboyano reconoce el cariño que el norteamericano siente por su familia. Es una representación a través de la palabra y no de la acción, es poco creíble, por tanto. Y quizá se deba a un recorte en la edición, pero no ayuda a creerse la historia.

La segunda parte del metraje narra la esclavitud que sufre Dith Pran cuando es capturado por los Jemeres Rojos, es un relato verídico y útil que sirve al espectador para conocer cómo un estado intenta reprogramar a sus ciudadanos desobedientes y establecer el "año cero". En este apartado, el director tiene más acierto a la hora de contar, y equilibra la película para conseguir un todo muy bueno que supo pelear en los Oscar por tres estatuillas frente a la omnipresencia de Amadeus (8).

Foto 2: Mary Ellen Mark

sábado, 5 de junio de 2010

La dolce vita de Federico Fellini


Marcello Rubini es un periodista que se mueve por la noche elitista de Roma en La dolce vita de Fellini, que la vive junto a sus protagonistas para después escribir sobre ella. Y que vive encadenado al encanto que las clases altas provocan en las bajas. Así se entiende la escena famosa de la Fontana di Trevi, cuando el actor protagonista -Marcello Mastroianni- contempla la belleza exuberante, intocable, de Anita Ekberg: inalcanzable para él.

La dolce vita habla de un periodista de orígenes humildes que es hipnotizado por el brillo intenso de las fiestas burguesas de Roma, donde las estrellas de cine y la nobleza celebran la alegría de haberse conocido en un mundo que les es completamente favorable. En el relato, la historia de Rubini queda suspendida en el tiempo hasta que aparece su padre en la ciudad. Hasta ese momento simplemente es un vividor con una realidad cotidiana que significa una carga para él: su mujer Fanny -Magali Noel- pierde la cordura por los celos que siente ante Maddalena -Anouk Aimée-, una belleza de buena familia por la que suspira Marcello Rubini. Cuando aparece el padre del periodista en Roma, por un viaje de negocios, se comporta como un rufián que embelesa a las damas, y el protagonista se reconoce en la crueldad que esa infidelidad significa para su madre.


Este instante significa un nexo entre el Marcello Rubini presente en el relato, y el chico de provincias del que proviene. Es un lapsus que Fellini permite a su personaje para reencontrarse con la sencillez y, quizá, encauzar su vida, lejos del lujo y la juerga autodestructiva de los ricos. Pero hay más oportunidades, y el realizador las personifica en una chica humilde que trabaja en un bar, que aparece como el último desvío que puede evitar la destrucción de Marcello Rubini. A pesar de la imagen de pureza que emana la muchacha, el periodista guía su realidad hacia un laberinto, donde Fellini se congratula de grabar escenas geniales que ponen en evidencia la superficialidad, la vanidad, la idiotez y la tontuna de esas clases altas que se sienten inmortales en sus burbujas de realidad, en sus castillos.

Es increíble la humanidad con la que Fellini compuso al personaje que interpreta Marcello Mastroianni, porque el espectador no lo puede odiar, ni siquiera puede considerarlo como un hombre cruel, a pesar de como trata a su esposa. El periodista es un fruto de su momento, de los flashes de su amigo Paparazzo, que dibujan una sociedad donde los ricos parecen mejores, inmortales. Y Rubini quiere pertencer a ella, aunque no le corresponda, o aunque sea irreal; y el espectador cae rendido, como lo hace el protagonista, ante la personalidad hipnótica de Maddalena -Anouk Aimée- y la belleza de Anita Ekberg.

Fellini escribió a Rubini como su alter ego, porque el director también era un hombre de provincia encandilado por esas mujeres de la alta sociedad romana. Y en la película, el realizador juega con esa realidad para desenmascararla.

Foto 1
Foto 2

viernes, 4 de junio de 2010

The elephant Man de David Lynch (III)

Tercera entrega de la monografía sobre David Lynch, y esta vez vamos a hablar de The elephant Man (El hombre elefante; 1980). Antes habíamos escrito sobre Blue Velvet (Terciopelo azul; 1986) y sobre la composición de la música de Twin Peaks (Love Theme).


The elephant Man puede etiquetarse como una obra comercial, conservadora respecto a la narración. Es un parón respecto al cine experimental -capaz de mezclar sueños surrealistas con relato realista- que David Lynch había mostrado, por ejemplo, en Eraserhead (Cabeza borradora; 1976) cuatro años antes. Eso sí, el director protege, en algunas secuencias, su gusto por las metaforas visuales. Así ocurre con el inicio del metraje, cuando un elefante furioso se superpone en la pantalla a los gritos de miedo de una mujer. Esta idea, además, sirve al feriante -que ejerce como dueño de John Merrick (el Hombre elefante interpretado por John Hurt)- para explicar el origen del "monstruo": su madre fue pisoteada por un elefante mientras estaba embarazada.

La película presenta a un ser humano diferente, marcado por un cráneo enorme y deformado, que impide que John Merrick pueda hablar de manera fluida y que pueda acostarse para dormir como una persona normal, por eso lo hace sentado. Además, su espalda tiene tumores cutáneos que hacen que su piel recuerde a la de un elefante. La historia se basa en un caso real, documentado, y que tuvo mucho impacto en la sociedad inglesa de finales del XIX.


David Lynch dirige una historia dura, a la que le roba el morbo de mostrar con detalle las deformidades del protagonista. Así, el hombre elefante no muestra su rostro en los primeros 30 minutos de película. Sino que el realizador prefiere apuntar siempre a la reacción que provoca John Merrick en los espectadores que lo ven. Es una visión triple, como argumenta el crítico Serge Daney: "Burlesca, moderna y clásica. Más aún: la feria, el hospital, el teatro".

Con esta idea, se puede analizar lo que el director quiere transmitir con la película: John Merrick quiere ser un hombre normal, que no se diferencia de los demás; y ese planteamiento lo mata, porque El hombre elefante es distinto y debe desear ser distinto. Por ejemplo, David Lynch incluye imágenes de obreros trabajando en las fábricas que han vivido la Revolución industrial: hay máquinas que ayudan, pero alienan y convierten a todos los trabajadores en seres iguales, sin creatividad. Esa perspectiva industrial aparece en otros proyectos de David Lynch, como el aserradero de Twin Peaks. Y esa visión, en The elephant man, es burlesca, es la feria donde se exhibe a John Merrick; es muy cruel.

El médico, Frederick Treves (Anthony Hopkins), llora la primera vez que ve al Hombre elefante. Lo hace por interés científico, por el reto que se le presenta en su carrera de cirujano. Por eso también cae en el exhibicionismo. En cambio, la mirada del teatro es la única justa con John Merrick, la que le aplaude por lo que es: diferente. Porque el telón esconde lo ordinario y muestra lo extraño. Y porque el público quiere verlo. Así, la actriz Kendal (Anne Bancroft) demuestra su admiración e interés, y acepta al Hombre elefante sin ningún tipo de duda o mirada morbosa.

Bibliografía: -Serge Daney: "Le monstre a peur". Cahiers du cinema,nº322, 1981
- "El libro de David Lynch". Colección Grandes Directores. Thierry Jousse.

- Fotografía 2: Thiago Piccoli (Flickr)

jueves, 3 de junio de 2010

El Mavi Marmara y Ron Ben-Yishai


Escribir un blog de cine no significa aislarse de la realidad social, del sufrimiento palpable. Y durante los últimos días no he parado de leer, frustrado y enfadado, las consecuencias de otra acción de terrorismo de estado por parte de Israel. En aguas internacionales, bajo la bandera de un país aliado (Turquía), el ejército hebreo asaltó -sin mediar provocación, ataque alguno u otra razón lógica- el 31 de mayo el Mavi Marmara, el barco que formaba parte de una flota de ayuda humanitaria destinada a Gaza.

En el medio Periodismo Humano, Alberto Arce narraba la noticia durante las primeras horas, donde sólo había confusión, escasez de datos y desinformacion. Alberto Arce es el primer nexo de unión que encuentro en este blog para poder denunciar la injusta realidad palestina, pero a través de una pantalla de cine -que es de lo que solemos hablar en Cinemascope35-. Porque él es una voz autorizada, que conoce bien lo que es ese viaje en barco hasta Gaza, y lo que implica saltarse el bloqueo israelí para poder informar al público de la barbarie; lo hizo en 2008, cuando rodó el documental To shoot an elephant (ganador de un premio de Amnistía Internacional), sobre la matanza de inocentes que produjo la operación de Israel, denominada Plomo Fundido.

El segundo nexo de este artículo de actualidad con el cine se encontraba en el Mavi Marmara: Ron Ben-Yishai, periodista israelí, famoso por ser un corresponsal de guerra siempre expuesto a las balas, y siempre esquivo. Ari Folman lo retrata en su obra maestra Waltz With Bashir (reseña Cinemascope35) como un hombre que elude las balas como Superman, que camina erguido mientras su cámara gatea aterrorizado. Es un personaje más de la película, que es entrevistado por el director para contar su versión de lo ocurrido en Líbano.

En el ataque a la flotilla, Ron Ben-Yishai es también uno más en el Mavi Marmara, que da su versión de los hechos, que explica para su periódico lo que allí se vivió. Y que esquiva también las balas de los soldados de su propio estado. Su historia difiere respecto a la de otros periodistas, pero merece la pena valorarla; pero luego está la versión oficial del ejército israelí, tan idiota y salvaje como la de sus aliados americanos en Afganistán o Iraq.

En un futuro, Alberto Arce o Ron Ben-Yishai deberían realizar un documental sobre el olvido colectivo de un pueblo, igual que hizo Ari Folman con esa obra de arte llamada Waltz with Bashir. En un futuro idílico no se escribirían historias como la de Folman, o la del Mavi Marmara.

Fotografía de Olmo Calvo Rodríguez (Flickr)

miércoles, 2 de junio de 2010

¿Sabías que...? Los primeros pasos de Christian Bale, el galés


Siendo frikazos, el primer papel en el cine de Christian Bale fue a la temprana edad de trece años, en la película de Steven Spielberg "El Imperio del Sol", donde fue elegido para el rol protagonista entre 4000 aspirantes. Pero con quince años pudimos verle en un pequeño papel en la magnánime obra de Kenneth Branagh, Henry V, basada en el dramade William Shakespeare.


Bale de zagal

Con el genérico nombre de Boy en los créditos, el papel de Bale era el del paje de los tres soldados buscavidas que acompañaban al rey en sus correrías juveniles y cuya actuación en la conquista de Francia es un tanto deplorable. La gracia de todo esto es que Henry V, tanto en la ficción como en la realidad, era galés, al igual que Christian Bale, por lo que es de suponer que le haría especial emoción este trabajo. Además hay una significativa referencia en la obra a los galeses y su importancia en la Batalla de Agincourt.



En el primer segundo, en primer término, Christian Bale en su función de paje, digamos que un poco muerto.






Y a partir del 2.53, la escena "For I am a Welsh" con esa conversación entre esos dos galeses de acento rudo y arcano en la que rememoras cómo los galeses portaron puerros en sus tocados por el día de San David en pago por sus servicios en la guerra (el puerro es un emblema nacional galés, y hay que puntualizar que los galeses sólo llevaban 200 años bajo dominio inglés cuando aconteció la Batalla de Agincourt, y siempre han sido vistos con cierto recelo y desprecio por sus compatriotas) Es, sin duda, una de las mejores escenas del filme.

Fotos de Wikipedia Commons

martes, 1 de junio de 2010

¿Sabías que...? Algunos inicios curiosos, Pilar López de Ayala

La actriz Pilar López de Ayala, consagrada como grande de la actuación por papeles como Obaba o En la ciudad de Sylvia pero que se dio a conocer con su aparición en televisión en la serie Al salir de clase, y que en este blog aupamos al podio de mito erótico, inició su carrera con una película que pocos recordarán

A los que vivimos el final de los felices años 80 y el arranque de la horripilante década de los 90 nuestras meriendas y viajes en coche estaban amenizados por un quintento de música juvenil de recuerdo escalofriante: Bom Bom Chip, grupo del que me reconozco  ex-fan hasta lo inquietante (tenía 6 años, es justificable). En la cumbre de su popularidad incluso rodaron una película, El niño invisible (1995), basado en una idea original de Manolo Matji (guionista de Los santos inocentes). ¿Adivinad quien salía en esa película? , Pilar López de Ayala, con unos frescos 17 años. Y digo que es un filme que pocos recordarán porque semejante bodrio no puede ocupar espacio en nuestra memoria colectiva






(La película en cuestión, un delicia)

Y los susodichos Bom Bom Chip y su tema más recordado



Foto de Wikipedia.

lunes, 31 de mayo de 2010

Se busca director para "The Hobbit"



Recogiendo lo que dice el blog Versión muy original de El País, el mexicano Guillermo del Toro ha dejado la dirección de la película The Hobbit que produce el ideólogo de la saga de "El señor de los anillos" Peter Jackson y que tenían la intención de estrenar en dos partes, pero se pretende rodar como un solo filme. 

Guillermo del Toro se despide con una carta en la que agradece a su equipo, a Peter Jackson y a toda la gente de Nueva Zelanda el apoyo prestado durante la creación del proyecto y reconoce, con mucho pesar, que tiene que abandonar dos años de trabajo intentando recrear el mundo de Tolkien. Pero no es un hasta siempre sino un hasta luego, porque Del Toro se mantendrá junto a Jackson en el proyecto, pero en otras labores que no han trascendido. 

Mientras buscan un nuevo director que quiera hacerse cargo de este ingente proyecto, Versión muy original habla de problemas económicos en la productora Metro Golden Meyers como la posible causa del retraso del rodaje y el malestar de Del Toro.

La foto es del Flickr de James Everett.
La noticia en Versión muy original, El País.

jueves, 27 de mayo de 2010

¿Quién diablos es Tom Noonan?


En Synecdoque, New York (reseña Cinemascope35) aparece, en una de las primeras escenas, el actor Tom Noonan: un hombre desgarbado, flaco, calvo y con parecido físico a Larry David.

Su personaje se llama Sammy, y -en estos primeros minutos de metraje- se esconde tras un poste de la luz. Vigila, controla, o simplemente observa, la vida del protagonista: el dramaturgo Caden Cotard, interpretado por Philip Seymour Hoffman.

Pero el personaje de Noonan es discreto y tímido, siempre va con su gabardina y un maletín, dispuesto a trabajar en cualquier momento. Y, en verdad, siempre está trabajando, porque es un personaje que sigue a otro durante veinte años, para aprender todo lo que pueda del otro, para ser él: robarle su ser.

Aunque, ¿quién diablos es Tom Noonan? Eso me sigo preguntando, porque tiene una filmografía discreta; y, en cambio, es un hombre capaz de crear un personaje asombroso en la película de Charlie Kaufman. Por si a algún cinéfilo detallista le suena, antes había participado, con un personaje secundario, en Heat (1995) de Michael Mann; a quien seguro convenció de su calidad nueve años antes en Manhunter (1986).

Por su planta, casi dos metros, ha encarnado papeles de villano, como en RoboCop 2 (como decía la crítica de El País: "Más de lo mismo, pero infinitamente más ruidoso"); pero, además de actor, Tom Noonan también es guionista y director. Por ejemplo, coordinó estas dos facetas en la película independiente "What happened was..."; una obra tan independiente como desconocida, y de la que sólo tengo referencias visuales por un vídeo de Youtube, y otro en su web personal.

Aún así, la película What happened was, puede servir como punto de partida para dilucidar ¿por qué Charlie Kaufman contó con Tom Noonan en Synecdoque, New York?

What happened was participó en 1994 en Sundance, donde recibió el premio del jurado, allí fue entrevistado por Movie Maker, donde el director relata qué quería de su película, y sus argumentos conectan perfectamente con los de Caden Cotard, el personaje de Philip Seymour Hoffman en la obra maestra de Kaufman. Dice así: "Yo siempre decía que iba a escribir algo sobre lo que realmente siento. Pero cuando me senté dos años antes [a escribir el guión], no sabía nada. Me puse enfermo, algo superior a lo físico". Y continúa: "No preveía hacer nada más allá de escribir una película sobre detalles pequeños y ver a dónde iban, en una exploración de los sueños, las fantasías y las pesadillas que la gente guarda, escondida, debajo de sus identidades prescritas".

Tom Noonan, en Synecdoque, New York, no actúa, sólo es él mismo. Su personaje Sammy ve los aspectos que determinan la vida de Philip Seymour Hoffman; y cuando este quiere narrarlos, él participa para descubrir la identidad verdadera del protagonista.

Charlie Kaufman, por tanto, escogió a Tom Noonan por su capacidad para ver a las personas tal y como son. Ese es el nexo que hay entre las miradas de estos dos genios.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Being John Malkovich de Spike Jonze



El hombre que hay detrás de los titeres

John Cusack mueve los hilos de unos títeres en la primera escena de la película Being John Malkovich, de Spike Jonze. El muñeco se parece físicamente a su personaje -Craig-: con gafas, barba y el pelo recogido. Es una marioneta que usa el protagonista para ocultar su identidad, o la búsqueda de la misma.

Después aparece en escena Cameron Diaz -Lotte, la mujer de Craig-, que vive en una casa rodeada de animales, que trata como si fuesen humanos. Por ejemplo, hay un mono llamado Elijah, que está traumatizado desde pequeño por no saber ser mono; y a quien la pareja lo trata como si fuese un hijo. También hay un loro que habla y hace de despertador. Son seres que no saben ser, que han perdido su identidad propia o que nunca la han encontrado.

Por eso, Lotte se despide de su marido diciéndole que busque un trabajo normal, que no tenga que ver con las marionetas, porque se va a sentir mejor. Además, Craig quiere trabajar como titiritero, es lo que sabe hacer y se siente cómodo siendo otra persona que puede controlar. Él quiere ser como Derek Mantini, el ejemplo de profesional tras los hilos. Incluso en este aspecto se ve que Craig no quiere ser él mismo, quiere ser Derek Mantini.

Entonces aparece Catherine Keener -Maxine- en la historia para desconcertar al protagonista. Porque este tercer personaje controla su identidad: es atrevida y dominante. Y Craig se convierte en John Malkovich, aprende a controlarlo como si fuese un títere más; adquiere su identidad aunque apenas sabe nada de la vida del actor, pero lo hace porque atrae a Maxine, y se deja dominar por estar con ella.


Craig se camufla detrás de otra persona, porque no quiere mostrarse; y construye una realidad paralela que le hace feliz, pero que es sólo parte de su juego con hilos: desaparece cuando cae el telón.

Being John Malkovich fue el debut como director de cine de Spike Jonze, quien antes había trabajado como realizador de videoclips para REM (Michael Stipe -cantante del grupo- es el co-productor de su debut); y Björk, por ejemplo, quien también participa con una de las canciones. Esta película, además, junta en la parte creativa a Spike Jonze con Charlie Kaufman -también debuta como guionista-, a quien admiro por obras maestras como Eternal sunshine of the spotless mind; y, más recientemente, Synecdoque, New York (reseña de Cinemascope35).

Fruto de la relación entre Spike Jonze y Charlie Kaufman crearían, también, la película Adaptation: donde se narran los problemas del propio guionista por adaptar la novela homónima. Ya en solitario, el director Jonze presentó Where the wild things are (Donde viven los monstruos. Reseña de Cinemascope35)

Foto 2: Darwin Bell (Flickr)

martes, 25 de mayo de 2010

Honeymoons de Goran Paskaljevic


Superar el odio en los Balcanes

Honeymoons, del director serbio Goran Paskaljevic, es la primera coproducción serboalbanesa en la historia del cine. Y este dato no es anecdótico, porque demuestra la intención que hay detrás de la película: superar el odio creado por los nacionalismos de la región.

Con este objetivo, la narración presenta a dos parejas jóvenes que quieren emigrar a Europa. Por pequeños detalles sabes que unos son de una aldea albanesa, cerca de la frontera con Serbia; y los otros viven en Belgrado. No hay una construcción previa de los personajes, de su psicología, sino que Goran Paskaljevic los libera en un espacio donde el odio producido por el conflicto de los Balcanes sigue vivo. Y su personalidad se muestra cuando actúan, en el momento en que intentan relacionarse con ese entorno hostil.

Y el espectador lo tiene complicado para entender las situaciones de violencia que se presentan. El fondo es odio entre dos pueblos pero -por su juventud- estas dos parejas olvidan el pasado, y no se involucran en las disputas que los adultos siguen manteniendo. Por eso, el director no quiere hacer un análisis de los Balcanes, no presenta al público una manera de hacerlo; sino que quiere superar ese conflicto a través de sus personajes. Las nacionalidades se mezclan para conseguir este fin.


La película relaciona los hechos y a los personajes con detalles nimios, aunque no son vidas que se cruzan ni se afectan. Son paralelas y, así, la narración salta de una a otra. Para unir esas redes, destacan los elementos que Paskaljevic va incorporando, como las noticias que se escuchan en la radio sobre un atentado suicida; o el celo que uno de los protagonistas guarda por proteger sus manos.

Pero no todo en Honeymoons es drama, también hay espacio para el esperpento, para el humor irónico que se presenta en algunas escenas. Por ejemplo, en una fiesta de boda celebrada en un patio dividido por la mitad por una alambrada, que separa a dos hermanos -cada uno de un bando en la guerra-. El odio que se transmiten esas dos personas -y cómo lo muestran- es esperpéntico, y hace que olvides qué hay detrás de cada individuo, y sólo veas el ridículo de sus actos.

Honeymoons es una película comprometida con las personas que se odian en los conflictos. Es un intento de olvidar la guerra a través de los jóvenes. Y con esta obra Goran Pasjkaljevic ganó el pasado noviembre la Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid, y se consagra como el más laureado en este festival -tras triunfar con La otra América (1995) y Los optimistas (2006)-.

miércoles, 19 de mayo de 2010

"Baztan", una historia de agotes, los "negros de Navarra"

Baztan parece el fondo de pantalla predeterminado de Windows

Siguiendo el rastro de Unax Ugalde descubro que está rodando una película por el norte de Navarra, un filme que para no ser menos, se llama Baztan y está dirigido por Iñaki Elizalde, un pamplonés. Aunque sería más poético haberlo titulado, Agote

Hablando de Navarra, por aquí hay historias fascinantes que merecen ser contadas. Una tierra tan pequeña, pero a la vez tan aislada y tan suya, tan foral y endogámica da para mucho. Una de esas historias apasionantes es la del pueblo de los agotes, los "negros de Navarra", pues su situación en el devenir de los tiempos se asemeja al de los afroamericanos. Pero, ¿qué es un agote? Eran pobladores de los valles de Baztán y Roncal, del norte navarro, aunque me remito a "Cuidadores de mundos" de Ander Izagirre (Editorial Altaïr) para describir su grado de marginalidad:

Se dijo durante siglos que eran herejes y sellaban pactos con el diablo, que padecían lepra, que no tenían lóbulos en las orejas, que por sus venas corría una sangre casi hirviente. Si pisaban descalzos , la hierba no volvía a crecer; si sostenían una manzana se pudría rápidamente.

Según cita Izagirre en su libro, el origen de los agotes habría que buscarlo en migraciones de cátaros que en el siglo XIII se refugiaron en Navarra huyendo de la Inquisición francesa, que les perseguía por profesar una fe heriática, que no reconocía la divinidad de la Virgen ni de Cristo, que se negaba a realizar sacramentos y que rechazaba la opulencia de la jerarquía católica. El barrio de Bozate en Arizkun fue su particular gueto y, aunque vivían muchas veces hacinados en casas que ni de lejos pueden recordarnos a los espaciosos caseríos de la zona, llegaron a desarrollar una economía potente gracias a su pericia como artesanos y constructores. Al igual que pasó con los judíos en Europa, la envidia, el desconociemiento y el miedo al "otro" desembocaron en el rechazo y la marginalidad:

No les dejaban poseer tierras ni ganado. Ni cortar leña en los bosques comunales. Ni beber en las fuente públicas. Ni casarse con otra gente distinta. Les obligaban a llevar en la ropa un indicativo rojo, con forma de huella de gato. Se les permitía entrar en la iglesia de Arizkun pero asistían a misa arrinconados, encerrados tras una verja, en un fondo al que entraban por una puerta especial.


Casa de Baztan

Recogiendo lo que dice Wikipedia, al parecer la discriminación no fue repudiada por ley hasta 1819, pero en algunos sitios, como Bozate, hasta que no llegó el siglo XX se seguía recelando de ese "otro" que llevaba convivendo con los baztaneses 800 años. La situación era tan tensa que se llegó al punto de que el gobierno navarro intentó deportarlos al pueblo de Nuevo Baztán (Madrid) construido, al parecer, para la ocasión.

El rodaje de Baztan recoge toda esta tradición de discriminación del pueblo agote, que a día de hoy está integrado con normalidad (conozco a una persona apellidada "Agote", es bonito pensar que tiene algo que ver), y por lo que puedo comprobar su historia maldita es poco conocida fuera de la cultura euskérica. Con Unax Ugalde en el reparto pero también con Carmelo Gómez, Txema Blasco o el debutante Patxi Bengoetxea, el trabajo empezó en marzo de este año y todavía no tiene fecha de finalización. Del director, el navarro Iñaki Elizalde, encontramos dos nominaciones a los Premios Goya en categoría de cortometrajes, por el documental El olvido de la memoria y la ficción Patesnak, un cuento de Navidad. Baztan, es por tanto, su primer largometraje como director.

Noticia en Diario de Navarra.

Las fotos de Baztan aquí publicadas son del Flickr de f0ff0 y de egizu dos gentes a las que no conozco de nada.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Ken Loach libera sus películas

El señor Kean Loach, director de cine británico que tiene a bien ser un troskista reconocido, ha sentado cátedra en la voraz industria cinematográfica poniendo en Youtube todas sus películas, a disposición de cualquier avezado internáuta que quiera verlas gratis y sin necesidad de pasar por la biblioteca. 

Una iniciativa sin precedentes en el mundo de la gran pantalla (aunque con algunas iniciativas semejantes por parte del grupo de música Radiohead) que demuestra una apuesta por la cultura libre y gratuita que es digna de celebrar. 

Como este artículo me está quedando muy pedante y recargado, dejemos paso a los Agenda Oculta, Sólo un beso, Kes o Riff-Raff. Sí, esta es una reacción interesante ante la piratería, reciben dinero de la publicidad de Youtube y todo eso... Pero es una iniciativa loable.



Público

jueves, 15 de abril de 2010

Exit through the gift shop: Banksy con moderación


Anda rondando por los festivales internacionales (Berlín, Sundance) Exit thorugh the gift shop, un documental centrado en la subcultura artística de la calle, en los grafitis de artistas como Banksy. Un Banksy que aparece entrevistado en el documental, pero (como siempre) con capucha y la voz distorsionada. Porque, aunque sólo sea por seguridad, el grafitero Banksy (cuyas pintadas han llegado a ser consideradas obras de arte) vive en un estado constante de anonimato. El documental, que narra la búsqueda de Banksy por parte de un director amateur francés, refleja muy bien su forma de trabajar, su pensamiento y su obra. Tiene buena pinta. 

Banksy se ha convertido en una especie de símbolo de la contracultura, alimentado por su necesario anonimato. Un personaje extraño, fascinante, casi como un superhéroe, que no tiene reparos en irse al muro de la vergüenza israelí a hacer esto:



Os dejo cinco minutejos (Youtube posiblemente os considerará unos prepúberes facilmente violentables, así que hay que registrarse para verlo)






Aunque, curiosamente el trailer no es tan pernicioso:





martes, 13 de abril de 2010

Reflexión: De lo que un día Irlanda le enseñó a España


Tras escribir sobre Cinco minutos de gloria y hablar un poco sobre el terrorismo he completado la entrada anterior con esto de acá. Una reflexión, otra. (El día que José María Aznar me mande a ver al Juez Del Olmo, decidle que fui buena persona, no me pase como a estos)

Si comparamos la filmografía española e irlandesa, ambas han sabido reflejar momentos dramáticos de su pasado terrorista, con más o menos maestría (es lo de menos). Pero hasta ahora España no ha podido ni ha sabido hacer ficción de las víctimas ni del perdón, al menos no para la gran pantalla (hubo un telefilme llamado Futuro: 48 horas sobre el asesinato de Miguel Ángel Blanco). En el documental La pelota vasca también se hablaba de víctimas, pero no era el tema esencial. Por descontado queda decir que La pelota vasca no recibió ni mucho menos halagos de los afectados (La AVT pidió, sin éxito, su retirada del Festival de Cine de San Sebastián en aquella edición de 2003). Quizá lo más cercano al caso irlandés que nos ocupa fue un filme que también estuvo en San Sebastián, en 2009, La felicidad perfecta, aunque en él las víctimas también eran un tema secundario.

¿A qué se debe este vacío? Quizá sea porque en España no hemos entendido bien el drama de los damnificados, quizá es el miedo a caer en la frivolidad, o quizá porque despierta poco interés. Pero estas premisas me parecen descartables. ¿Y en el caso de hacer una película “sobre víctimas”, a quién rodar, a la AVT? En este momento sería recomendable destacar la palabras de Xabier Arzalluz en la citada La pelota vasca, distinguiría una cosa; las víctimas y las asociaciones de víctimas. O por no irnos a los extremos del nacionalismo, lo que afirmaba Iñaki Gabilondo en el mismo documental: hay una especie de amenazados oficiales. Son casi amenazados profesionales, y hay otros que están igual de amenazados y que no lo dicen tanto. Vale, la AVT y su entorno no despierta una admiración excesiva.

Resumiendo, parece claro que la AVT y sus acólitos todavía no pueden ser tema. Seguramente no es culpa suya, aunque se han esforzado. Seguramente el terrorismo y sus consecuencias están demasiado instrumentalizados por el poder político (que ha hecho poco por solucionarlo) como para tratar estos asuntos sin angustias. Ante esta situación, que España siga a lo suyo (La pelota vasca de Médem andará en cualquier cajón, para quien quiera verla sin prejuicios). Mientras, en Irlanda, el cine ya se ha puesto del lado de la normalidad y la reparación del daño.

P.D. La foto de cabecera es mía.

Cinco minutos de gloria: La redención en el terrorismo

Hay pocas películas en la filmografía internacional que retraten la visión que tienen las víctimas del terrorismo sobre lo que les ha ocurrido. A la figura del terrorista, sus motivaciones o el contexto que le rodea, siempre se le ha dedicado un análisis más profundo, posiblemente porque es un personaje que despierta una fascinación difícil de medir, incluso peligrosa. De tal manera nos encontramos con numerosos filmes dedicados al terrorista; Hunger, Tiro en la cabeza, Munich, Yoyes o Paradise Now. También hay muchas dedicadas a actos de terrorismo como Omagh u Operación Ogro. Al terrorismo de Estado; GAL y En el nombre del padre. O al terrorismo como fenómeno como La pelota vasca, de Julio Médem. Incluso en Cinemascope35 tenemos una sección a este respecto "Cine sobre terrorismo" pero en ella no hay muchas "víctimas de", más bien responsables. Por eso, Cinco minutos de gloria, que se estrenó en España el 9 de abril (aunque su distribución, hasta donde sé, es más bien anecdótica) supone un aire renovador para el género, los protagonistas, estos sí, son víctimas enfrentadas a sus verdugos.


En Cinco minutos de gloria (Five minutes of Heaven) se nos presentan dos personajes cuyas vidas se vieron transformadas a raíz de un atentado en 1975 del grupo paramilitar norirlandés UVF (Fuerza de voluntarios del Ulster) en el que un joven católico irlandés es asesinado en presencia de su hermano menor por un pistolero protestante. En la película, uno es el que dispara, el otro es la víctima. Veinticinco años después se ven las caras en un programa de televisión que intenta cerrar las viejas heridas del conflicto irlandés. Esos cinco minutos de gloria es el tiempo que tiene el asesino Alistair Little (Liam Nesson) para suplicar perdón a su víctima, Joe Griffen (James Nesbbit).



La película arranca en un viejo caserón que servirá como set de rodaje del programa. En una de las habitaciones, la víctima, Joe Griffen, se pasea de un lado para otro como un ratón encerrado, nervioso ante el reencuentro con Alistair Little, el asesino. Es esta parte inicial de la película sin duda, la que más fuerza tiene. James Nebbit consigue transmitirte toda la angustia que palpita en su corazón, el lenguaje está cargado de violencia, se respira tensión, aunque no se sepa muy bien de donde proviene ese sentimiento. La maestría del director Olivier Hirschbiegel (El hundimiento) se demuestra aquí gracias a la confrontación de ambos personajes. Mientras la víctima está desquiciada, agotando un cigarrillo tras otro. Liam Nesson se presenta en el set tranquilo, con un traje impoluto, hasta diría que el cabrón huele de fábula. Le maquillan tranquilamente y espera a su oponente, como si de un bastardo ring de boxeo se tratase. Al final, la pelea no llega. Pero el directo consigue transmitir el dramatismo del encuentro sin que este llegue a producirse, cada gesto, cada mirada al vacio es una declaración de intenciones. El espectador en ese momento respira pánico.



En el segundo acto, las vida de nuestros dos héroes, Alistair Little lo es por arrepentirse y buscar el perdón, el otro por casualidad, se desarrolla con normalidad, con sus familias, sus aspiraciones. Pero no encuentran un sentido a esa normalidad, su existencia ya está traumatizada. El personaje de Nebbit, Joe Griffen, advierte que su vida es una basura, que es incapaz de ser feliz por aquel fantasma que le lleva veinticinco años persiguiendo. Es un muerto en vida que necesita redención. Por su parte, el personaje de Nesson ha adquirido cierta relevancia pública, tiene bastante éxito y aparentemente, un vida hecha. Pero también es un desgraciado, un infeliz, paradojas de la vida. Aquel encuentro siempre porstergado se produce, pero es en vano, perdonarse no va a mejorar sus vidas. Griffen sigue siendo un despojo, agarrado sin fuerzas a lo poco que vale la pena de su existencia, Little, será siempre un hijo puta.

Decía al principio que son pocas las películas que abordan la psicología de la víctima. En este caso creo que Cinco minutos de gloria lo ha logrado. El director ha construido un filme bello, con muchísima tensión interna. Una película de personajes, imprevisibles y también magníficos. Espero que al espectador, al menos a mi me impactó, le cale esta película sin mensaje, sin valentías ni superaciones, un filme de humanos contra humanos, con lo patético que es eso.



lunes, 12 de abril de 2010

"Shutter Island": La dualidad de una película perturbadora



Es complicado no salir de ver “Shutter Island” con mal cuerpo, bien sea por su morbosidad explícita, su ambiente asfixiante y goyesco o las carencias de un guion mal resuelto. La mente acaba perturbada. Bien es cierto que los méritos como director de Martin Scorsese y su trabajo de posproducción hacen de esta una película de muy bella factura. También es verdad que es el propio Scorsese el que ridiculiza su labor hasta límites estrambóticos.

Porque el nuevo proyecto de ficción de Scorsese deambula por senderos muy diversos y, en ocasiones peligrosos. Por un lado es una espectacular y calculada película de cine negro, con los arquetipos del género: el detective alcohólico y de oscuro pasado, con una mente clarividente y un lenguaje afilado. Por el otro, es una inmersión en el poder de la mente, en la locura y la paranoia. No sólo en la paranoia de los personajes, también en la colectiva, aquella que llevó a los EEUU al McCarthyismo y a la persecución y represión del comunismo en el marco de la Guerra Fría. Mientras, se recrea un ambiente opresivo, como la propia "cárcel" en la que se desarrolla la acción. Incluso Scorsese es capaz de trasladarnos ese olor a medicamentos, a putrefacción, a muerte. La sala del cine se convierte en una sucia celda asfixiante.



Aquella primera parte que he comentado empieza con la investigación que llevan a cabo Leonardo DiCaprio y su ayudante ante la fuga de una prisionera de un sanatorio mental de máxima seguridad. Con este argumento Scorsese realiza una magnífica narración, con momentos gloriosos de puro cine negro. Los diálogos resultan geniales, la trama es fluida, la investigación es inteligente, estimulante. Poco a poco se van atando cabos y en todo momento sólo sabemos aquello que va viendo DiCaprio, como si de una reedición de "Chinatown" se tratase. Promete.



Metidos ya en el desenlace la narración se bifurca con cierto estrabismo, dos caminos: el psicológico (el de los locos) y el de los policias, comfluyen de mala manera pero con marcada maestría. Gracias a Dios, en ningún momento te da una dirección a seguir, es tu intuición la que te debe marcar aquello que es real o irreal. O incluso, que todo sea mentira. Pero aunque esta parte del filme este bien construida, resulta mucho más torpe en su ejecución, menos creíble. Para colmo, se permite un momento de absoluto patetismo (no diré mucho, pero es la escena de los tres hijos y el lago) que desmerecen el final de la obra y dejan un mal sabor de boca. Da la sensación que con tan buen material inicial, el cierre ha sido más bien chapucero.

jueves, 1 de abril de 2010

Amnistía Internacional premia a Alberto Arce por To shoot an elephant


Alberto Arce ha sido premiado como Mejor director por su documental To shoot an Elephant en el Festival de cine Movies that Matter. El galardón además adquiere mayor relevancia al serle concedido en este festival que se celebra en Holanda con el apoyo de Amnistía Internacional. El filme del director asturiano (en colaboración con su guía palestino Mohammad Rujailah) ha destacado por la narración que realiza de la Operación Plomo Fundido que el ejército israelí desplegó en la Franja de Gaza entre diciembre de 2008 y enero de 2009, causando más de 1200 víctimas, la mayoría civiles.

Recodar que este documental se proyectó en numerosas salas alternativas de todo el mundo con ocasión del primer aniversario de la operación. No es mala excusa para disfrutarlo ahora, ya que está disponible en licencia Creative Commons y es de descarga gratuita.

El grupo de trabajo de To Shoot An Elephant es un proyecto colectivo, asambleario, autónomo y de base. No hemos recibido subvenciones de ningún gobierno ni el apoyo de ninguna empresa privada. Primero hicimos una reflexión política conjunta sobre la necesidad de la película. Después, trazamos un mapa para llevar a cabo la producción y la distribución, poniéndonos en contacto con distintas redes y personas... (Extracto de la web de To shoot an Elephant)

Descarga (Directo de su web)
Noticia vía: Periodismo humano
Fotografía de Kaosenlared.net

miércoles, 24 de marzo de 2010

El egoísmo de los nietos. Opinión

Tras ver The Hurt Locker, reflexioné sobre las diferentes películas bélicas que he visto: sobre la manera en que dibujan a los soldados. Fruto de estos pensamientos es la siguiente columna de opinión:


El capitán John H. Miller desembarca en la playa de Omaha, junto con su escuadra, el 6 de junio de 1944. En la película de Spielberg, este personaje -interpretado por Tom Hanks- se convierte en un héroe por salvar al soldado Ryan de la guerra. Las escenas de este título presentaron en la mente del espectador el dolor, la sangre que manchaba hasta a la cámara. Para mí fue suficiente con ver la película para desengañarme de la belleza de la lucha, del honor militar y de los desfiles castrenses. Pero el ejército sigue siendo una institución elegante en Estados Unidos; y esos chicos que -como yo- vimos en 1998 cómo silban las balas en el campo de batalla, sirven hoy en Iraq y Afganistán.

Hollywood tiene historias bélicas para las generaciones del siglo XX. Y el país de la libertad tiene generaciones para todas sus guerras. En estos cien años, el abuelo ficticio del capitán Miller participó en la Primera Guerra Mundial, su hijo -John Junior- luchó en Vietnam, y su nieto, en alguna de las operaciones en el Golfo Pérsico. La guerra es una droga necesaria en Estados Unidos, el pueblo necesita su dosis pequeña de héroes. Y el cine, de esas historias: es una relación perfecta.


Aún así, los conflictos del siglo XX han producido soldados distintos: los reclutas de las dos guerras mundiales fueron recibidos con besos de muchachas bellas en Nueva York; los de Vietnam, con distubios en las calles de Chicago. En el caso de las guerras modernas, las que sangran Oriente Medio, el ejército está formado por soldados profesionales, voluntarios. Ellos forman parte del análisis que Kathryn Bigelow hace del héroe actual en su película The Hurt Locker; sobre todo, de los zapadores que desactivan minas en las calles de Bagdag. Son presentados como individuos superiores, que han escogido por vocación un trabajo con un pie en el cielo y otro en la tierra. Mitad robot y humano disfrazado con una escafandra, los soldados no sufren como el capitán Miller en la Francia nevada. Y, en su tiempo libre, siguen disfrutando con la guerra por televisión, con videojuegos Shoot' em up (mata todo lo que puedas). Como dice la directora de cine: "Su coraje y audacia vienen en parte de una necesidad egoísta y no de un puro altruismo".

La guerra en Estados Unidos es una experiencia vital, la próxima generación la va a reclamar por egoísmo, para parecerse a sus padres, y abuelos.

Foto 1 Flickr: MATEUS_27:24&25
Foto 2 Flickr: dgphill

lunes, 22 de marzo de 2010

Lo que no se ve

Hoy, en clase, han puesto un trozo de El séptimo sello, de Bergman. En la primera escena -el comienzo del film- aparecía un ave suspendida en el aire. La mofa ha sido general, a todos nos parecía demasiado evidente que había un hilo de coco que sujetaba al animal.

Pero no es así, el plano es real. Igual que las gaviotas en el puerto, este animal está suspendido, aprovechando las corrientes de aire.

Los efectos digitales nos han convertido en espectadores más precavidos, que dudamos de la construcción de los planos, y de la realidad que intentan transmitir. Eso sí, a ver quién es el listo que podía imaginar que muchos exteriores del cine son de color verde o azul (croma):



Con este vídeo -y los demás del canal- la empresa Stargate Studios muestra a los clientes potenciales qué sabes hacer, y cómo trabajan. Es muy recomendable darse una vuelta por su web, y dejarse sorprender con lo que el espectador no suele ver.

domingo, 21 de marzo de 2010

Los culpables de todo esto

Hoy, domingo 21 de marzo de 2010, desvelamos en Cinemascope35 los rostros que hay detrás del blog. Y, con este gesto simbólico, también quiero pedir perdón por tener esta página un poco abandonada.

Así que, a partir de ahora, retomamos la continuidad en la publicación. Y, si queréis, podéis discutir sobre nuestra gemelidad.

Foto: Ana P. Bosque

lunes, 8 de marzo de 2010

"En tierra hostil" hace justicia, pero los Oscar salen perdedores


Terminaron los Oscar a eso de las 6 de la mañana hora peninsular, y sentí una especie de sudor frío recorriendo mi espalda, puede que fuese el sabor de la venganza. Más allá de la ceremonia, yo había logrado una victoria moral, "Avatar" se desvanecía como el azucarillo que es y por eso, hoy mismo me voy al cine a ver "Shutter Island", el día de aquella apuesta yo estaba en estado profético.

“Avatar” fue gratamente ninguneada (premios como la fotografía o la dirección artística no recompensan espiritualmente cinco años de trabajo) y En tierra hostil” se alzó como vencedora en una noche sin grandes favoritas, y donde había mucho en el aire. Por su parte Kathryn Bigelow tomó la alternativa ante su ex-marido y obtuvo el primer Oscar a la dirección para una mujer, sus proyectos de futuro cobran a partir de ahora una especial relevancia mediática.

Cuentan quienes estuvieron allí (yo lo oí por la radio) que fue una noche espesa, con unos desafortunados Steve Martin y Alec Baldwin, poco o cero humor y una destacable ausencia de estrellas como Angelina Jolie. Hay quien, con sorna y desde España, pedía a Andreu Buenafuente que aprendiese inglés, para darles una lección a todos estos de Hollywood.

Para mí, lo más destacable de una ceremonia habitualmente rendida a los intereses económicos y las campañas de promoción, no fue el triunfo de “En tierra hostil”, sino la ausencia de oposición real. Ninguna de las candidatas a Mejor Película (ni “Avatar”) aparecen como rivales de altura del filme de Bigelow, que, aunque espectacular, no deja de ser una obra menor. Ya digo, ni “En tierra hostil”, ni “Up”, ni “Precious”, ni “Malditos Bastardosni el resto de películas nominadas como “Mejor” pasarán a los anales como “obras maestras”, de aquí a cinco años se nos habrán olvidado. Esto refleja, en mi opinión, una falla grandísima en el futuro de la industria norteamericana, que tiene que reflexionar mucho ante la pujanza de nuevos mercados, como América Latina, o la recuperada Europa.



Porque es en la categoría de Mejor película de habla no inglesa en donde el espectador puede encontrar aquellas obras que pasarán a la gloria. “La cinta blanca”, “Un profeta”, (estas dos en los cines actualmente) “El secreto de sus ojos”, “La teta asustada” y no sé si “Ajami” (un filme israelí de la que no he tenido noticias) son películas profundas, de aquellas que recomiendas a tus amigos encarecidamente, que conmueven, revolucionan y te hacen reflexionar. Son, en definitiva, CINE con mayúsculas.

El resto, no deja de ser entretenimiento. Hollywood debería considerar (sino lo ha hecho ya) hacia qué público quiere dirigirse.