miércoles, 24 de febrero de 2010

"El fantástico cine español" en Pamplona

A partir de mañana jueves 25, el INAAC (Instituto Navarro de las Artes Audiovisuales y Cinematográficas) organiza un ciclo de cine, en colaboración con Golem Bayona, titulado "El fantástico cine español", en la que se hará un repaso de lo más granado de este género en la filmografía nacional del siglo XX.

La presentación del evento tendrá lugar este miércoles en una conferencia inaugural a cargo de Ángel Sala, director del Festival de Sitges, uno de los referentes internacionales del cine fantástico. Aunque no se ha informado de en dónde se celebra la conferencia, supongo que será en la propia sede de la INAAC sita en calle Navarrería 39.

Las ocho proyecciones de las que consta el ciclo podrán verse a las 19.30, todos los jueves hasta el 15 de abril, en Golem Bayona. Para ir abriendo boca, el 25 empezarán con Luis Buñuel ("Un perro andaluz" y "La edad de oro". Dentro de la programación podremos disfrutar de obras de autores consagrados como Ivan Zulueta (fallecido hace muy poco) y su "Arrebato", Jaume Balagueró ("Los sin nombre"), Enrique Eguiluz ("La marca del hombre lobo", con otro desaparecido, Paul Naschy) y muchos más.

Programación completa

lunes, 15 de febrero de 2010

Goya 2010: Celda 211 hace menor a Ágora.

Sobran los elogios para Andreu Buenafuente por dirigir con tanta agilidad y maestría una gala de los Goya que siempre ha sido más un trámite que un espectáculo. Por mi parte, quiero señalar que lo más interesante fueron los sketches (uno de ellos contaba con muchos actores y directores nominados, muy al estilo Hollywood). Otra novedad fueron las frases sobre cine de personajes célebres (Zulueta, Azcona, Berlanga) que acompañaba la gala y marcaba los tiempos. Además, durante toda la ceremonia una voz en off daba información puntual sobre los premiados.

Respecto a los ganadores (lista), Ágora parecía partir con cierta ventaja por eso de ser una superproducción y estar dirigida por Alejandro Amenábar. Pero, como me temía, el filme de Amenábar no fue bien entendido ni por el público ni por los académicos y por eso se llevó todos los premios técnicos (maquillaje, fotografía, producción, vestuario...) y el Goya a Mejor Guión Original a Mateo Gil y el propio Amenábar, que visto lo es más un premio de consolación que otra cosa.
Lo dicho; en mi opinión, Ágora merecía mucho más porque es la más ambiciosa de las películas españolas de los últimos años, tenía una historia fuerte y emotiva, pero no al gusto de todos. Muchos esperaban un filme de acción y romanos y se encontraron una bella reflexión sobre la ciencia y las masas.

Con la perspectiva que da el tiempo, Celda 211 me parece una notable película de acción, pero poco más. No nos engañemos, también tenía mucho dinero detrás (Telecinco) y una historia atrevida e interesante. Pero su director, Daniel Monzón (autor de clásicos como “El corazón del guerrero”) se mostró incapaz de hacer una obra profunda y se quedó en los fuegos de artificio que daban Luis Tosar y Alberto Amman (justamente premiados por su actuación). La Academia del Cine (y el público) se han dejado impresionar por la estética hollywoodiense, los disparos y “Mala madre”, pero como muchas películas españolas, Celda 211 se permitía esos guiños melodramáticos y lacrimógenos que la convierten en una obra menor.

Dentro de unos años nos acordaremos de Ágora, de su planteamiento, de las ideas que desprende, de la actuación espectacular de Rachel Weisz. Sin embargo, será más difícil poner cara al proyecto Celda 211. Cosas de académicos.

El resto de premiados, “Slumdog Millionaire”, ganó un extrañísimo premio a mejor película europea, raro porque es ya antigua (2008) y faltaban nominadas como“La cinta blanca”, ni muchas otras. Y Lola Dueñas que sigue a los suyo, sin hacer mucho ruido, gana Goya tras Goya con papeles soberbios como en “Mar adentro”.

En Cinemascope35 se pueden leer las dos críticas sobre Ágora y Celda 211.

lunes, 8 de febrero de 2010

"The Hurt Locker" de Kathryn Bigelow


El zapador es un terrorista suicida

"The Hurt Locker" ("En Tierra Hostil") es una obra maestra divida en tres partes completamente diferentes. La primera, es un documental sobre la guerra de Irak, con planos y escenarios trabajados al detalle, con la pausa necesaria para grabar el vuelo de unas hojas en una calle de Bagdag, o el trabajo tenso y paciente de los zapadores. Es una reflexión sobre el conflicto, que encuentra un símil perfecto cuando la cámara sigue a un gato que cojea de una pata. Este primer tramo es corto, hasta que aparece en escena el actor Jeremy Renner ("28 Semanas después"); y recuerda a la serie de la HBO "Generation Kill", por el despliegue en escena de las tropas, la disciplina en combate, por ejemplo.



La segunda parte de "The Hurt Locker" es una película bélica genial, que dejará impresionados a los seguidores más críticos del género. Aquí, ocupan la historia los tres actores principales: el citado Jeremy Renner, que se dibuja como un temerario desactivador de bombas, Anthony Mackie ("Million Dollar Baby"), quien intenta mantener su posición de jefe sobre el grupo, y Brian Geraghty ("Jarhead"), un soldado obsesionado con la muerte. Además, Ralph Fiennes hace un cameo soberbio en la escena principal de la película, donde los tres soldados anteriores empiezan a colaborar entre ellos y a entenderse. Este trozo de la película no aparece sólo como un film de acción comercial, porque la narración de las situaciones de conflicto es magistral, y recuerda a la sinceridad y la clase de "Band of Brothers" ("Hermanos de sangre"). Pero, a pesar de lo buena que puede ser esta porción de película, en el guión se perfilan muy poco los personajes. Es difícil hasta recordar el nombre de cada uno porque no se presentan con una personalidad propia, sólo con los rasgos escuetos que he nombrado arriba. Así, Brian Geraghty parece patético por su obsesión con la muerte, o Jeremy Renner, un tipo frío e irreal.

La tesis de la película está al final: en la tercera parte de "The Hurt Locker". Aunque yo como espectador sentí que este tramo y su planteamiento se desarrollaban con prisa, a empujones. Así que parte de las críticas -y de las alabanzas- son para Mark Boal, el guionista, que estuvo "empotrado" en una de estas unidades militares de desactivación de bombas. Poco a poco, el personaje de Jeremy Renner adquiere más fuerza en la historia, y su otros dos compañeros se convierten en personajes secundarios. Por ello, el espectador empieza a entender de qué va la película: es una reflexión sobre el ejército de Estados Unidos, formado por soldados voluntarios; y, sobre todo, de ese escuadrón siempre al borde de la muerte. Son personas que, como dice la directora Kathryn Bigelow en Cahiers du Cinema enero, su coraje y audacia vienen en parte de una necesidad egoísta y no de un puro altruismo. Es una necesidad por la adrenalina de la guerra, que, en ese país está muy presente, porque todas las generaciones del siglo XX han vivido un conflicto bélico: han matado por defender a su nación.

Es una tesis que crea personajes como el zapador protagonista, que tiene mujer (cameo de Evangeline Lilly -"Lost"-) e hijo, pero que sólo se siente vivo cuando está en el campo de batalla. Es un hombre con una sola razón para vivir, y no es un sentimiento cotidiano: es la necesidad de estar entre la vida y la muerte. Puede parecer un cínico porque desecha el amor, pero es el único soldado sincero porque disfruta con su trabajo. Es distinto a lo que el cine suele proporcionarnos, por eso no extraña cuando en un primer plano mira a un terrorista suicida que está a punto de explotar a los ojos, porque los dos son la misma persona. Es, en resumen, un personaje único, para disfrutar de él.

miércoles, 3 de febrero de 2010

"La mujer sin piano": Nada de nada

"La mujer sin piano" es posiblemente la peor película española de 2009, estrenada en el Festival de Cine de San Sebastián con mucho bombo y poco platillo (por eso de no confundir el ruido con la música), su capacidad para sacar toda tu bilis es digna de estudio. Pero incluso va mucho más allá de la mera nulidad, encima su director, Javier Rebollo, se sube al carro de los mesiánicos salvacines y afirma que otra industria española es posible y su película es esa opción, ¡esperemos que se equivoque!


La sinópsis es sencilla, patética e indigna: Carmen Machi es una mujer menopaúsica a la que, sin previo aviso, le empieza a pitar un oido. Su vida es anodina, está casada y tiene un hijo, pero estos personajes no tienen ningún desarrollo en la trama. Porque Machi abandona su hogar, abandona a su marido y su hijo y se dedica toda la película a vagabundear por la noche madrileña con una maleta y una peluca. En esta "trepidante" aventura le acompaña un polaco e incluso se topa con una panda de magrebíes que le increpan, ¡apasionante!

Cuando le otorgaron la Concha de Plata al Mejor Director en San Sebastián, Rebollo fue recibido en la gala con pitos (convenientemente disimulados por TVE) y desconcierto general. Porque esta es una película que no trata sobre nada y encima se regodea en su pedantería; de "héroes anónimos" pretenden calificar algunos a los personajes. Pero estos "héroes" van más allá del anonimato y caen en el desinterés y finalmente en el hastío. Dice el director, Rebollo, que quiso hacer una película aburrida, como la vida misma. Lo que ocurre es que si eres incapaz de transmitir la desidia, acabas conduciendo al espectador al suicidio. Creo que la palabra oportuna para definir a "La mujer sin piano" es "incapacidad".


Durante 94 eternos minutos vemos a Machi pasear por Madrid con unos tacones que llegan a ser el culmen de la desesperación. Con un ritmo lento y cansino, la escasa acción se desarrolla sin llevar al espectador mas que a un callejón argumental sin salida. Al final, la aparición del polaco, que está esperando un autobús a Katowice, termina por agotar el escaso crédito del filme y demuestra lo absolutamente ridículo que es. Sirva de ejemplo la siguiente escena:

Polaco le dice a Carmen Machi que él es católico porque el Papa es polaco (era) y acto seguido se tira al suelo y empieza a rodar. Fin de la escena.

Quizá el mérito de Javier Rebollo está en conseguir tirar a la basura 94 minutos de metraje y pasar a engrosar la larga lista de pitufos imitadores de José Luís Guerín (piénsese en grandes pedantes como Jaime Rosales y Carlos Serrano Azcona) , quien les da un repaso artístico a todos con "En la ciudad de Sylvia" y tiene la decencia de no ir predicando por ahí un nuevo "cine español". Con directores como Rebollo dan ganas de morirse. No emociona, no transmite, no crea, no, no, no... Demasiados noes y poca creatividad.

Dice Víctor Erice (grande de verdad) que no hay ningún director español actual que haya aprendido nada de él.

"La mujer sin piano" es una castaña como la Catedral de Burgos de grande.

lunes, 1 de febrero de 2010

"Avatar": Esa mamarrachada...

Comencemos. Hagamos un juego de pedantería muy corto, definamos "mamarrachada":

Acción desconcertada y ridícula

Ver las películas en las salas de cine tiene un punto positivo muy claro respecto a descargártelas; que cuando saltan los títulos de créditos puedes gritar: "¡Vaya mamarrachada!" y quedarte tan pancho. En "Avatar" sumamos un punto más, porque puedes insultar en 3D y eso, amigos, no tiene precio.

O eso debió de pensar James Cameron cuando, por 1995, pensó: "Voy a hacer una película malísima, infumable y que además huela a plagio, pero la haré en 3D, y el público y la crítica se rendirán a mis pies". Y reconozcámoslo, Cameron es un estupendo director de márketing, sólo hay que ver los números que está haciendo, pero un buen director...


Hablemos en plata, "Avatar" es una mamarrachada, una "cosa" (no se merece ser llamada película) desconcertante y ridícula. Es difícil concentrar tanta nulidad en una sala de cine, pero hacerlo en 162 minutos bien se merece un fusilamiento.

Los primeros 30 minutos de película bien merecen pagar el vulgar precio de 9€ el kilo de 3D. Esto de las tres dimensiones es excitante, y uno se siente como un pionero de fin de siécle viendo trenes saliendo de la pantalla. El espectáculo es bellísimo, dan ganas de atrapar esos dientes de león o esos bichos que pasan rozando la cara, o correr despavorido de un feroz sabueso. Créanme, es toda una experiencia. Pero aquí se acaba todo, has tenido 30 minutos de gozo, como el "Dragon Khan".

Una vez pasada esa frontera temporal, y metido en la salsa de la película, se te empieza a desmontar la montaña rusa y te quedas varado en un páramo creativamente en llamas. Los diálogos te empiezan a sonar forzados, irreales y mal construidos (hay un "corre" dirigido a un paralítico que es casi entrañable). Los personajes demuestran la falta de trabajo que hay detrás de ellos y se vuelven tópicos, al igual que el guión, plano, previsible y sin ningún punto de inflexión reseñable. En una palabra, un "peñazo". Por no hablar de que la historia está más vista que el cuento de "Pocahontas" pero encima revestido de un pseudomensaje ecologista que revuelve la bilis.

Habrá quien (hay gente para todo) que me diga; "al menos es entretenida", con ese "al menos" que tanto me recuerda a una derrota. Pero ni siquiera eso, no nos dejemos engañar, un espectador medianamente exigente habrá muerto de aburrimiento en esos 30 minutos de éxtasis en 3D. Porque, ya lo he dicho, la historia no se mantiene, tiene un ritmo absurdo que no logra enganchar jamás.


Os he engañado a todos y me he quedado con vuestro dinero y vuestros premios.

Y ahora desmontemos mitos, si ya sabemos que el guion es un plagio de "Pocahontas", los personajes son patéticos y los diálogos también, ¿qué nos queda? A sí, la selva y el 3D, ese planeta Pandora al que todos nos gustaría ir a vivir cuando estamos durmiendo en una cámara de bronceado.

¿Qué decirles? Pues que es todo tan poco original como el resto de la película, tan casposo como todo lo demás. Cameron: bien que haya mucho trabajo detrás de este proyecto, pero entre escena y escena debías estar chupando cocos con pajita, porque se te desmorona el filme por cada desconchado. La selva, !ay¡ esa selva de Pandora, creada a golpe de baobab y habitada por criaturas monstruosas y brutales. Pero sin un ápice de creatividad, caballos que no son caballos, terodáctilos mezclados con condors, medusas que vuelan, perros gigantes, rinocerontes que no parecen rinocerontes. Podría seguir, pero lo que quiero demostrar es que Cameron no ha inventado nada, y ni siquiera ha innovado mucho, un fraude.

Y que decir del 3D, al principio es espectacular, bien trabajado, pero al parecer llegó un momento en que se hartaron de montar y desmontar croma y dieron paso a la holgazanería, Resultado: el 3D se convierte en la excepción y allá cuando aparece lo hace sólo en el primer plano, quedando el segundo desenfocado. En definitiva, un desastre.

La selva es bonita.

Y digo yo, ¿Cameron, si en lugar de haberte pasado 15 años con esta chorrada te hubieses dedicado a vivir tu vida, no seríamos todos, tú y nosotros, mucho, mucho más felices?

Eres un chapuzas, Manolo Cameron.