miércoles, 24 de marzo de 2010

El egoísmo de los nietos. Opinión

Tras ver The Hurt Locker, reflexioné sobre las diferentes películas bélicas que he visto: sobre la manera en que dibujan a los soldados. Fruto de estos pensamientos es la siguiente columna de opinión:


El capitán John H. Miller desembarca en la playa de Omaha, junto con su escuadra, el 6 de junio de 1944. En la película de Spielberg, este personaje -interpretado por Tom Hanks- se convierte en un héroe por salvar al soldado Ryan de la guerra. Las escenas de este título presentaron en la mente del espectador el dolor, la sangre que manchaba hasta a la cámara. Para mí fue suficiente con ver la película para desengañarme de la belleza de la lucha, del honor militar y de los desfiles castrenses. Pero el ejército sigue siendo una institución elegante en Estados Unidos; y esos chicos que -como yo- vimos en 1998 cómo silban las balas en el campo de batalla, sirven hoy en Iraq y Afganistán.

Hollywood tiene historias bélicas para las generaciones del siglo XX. Y el país de la libertad tiene generaciones para todas sus guerras. En estos cien años, el abuelo ficticio del capitán Miller participó en la Primera Guerra Mundial, su hijo -John Junior- luchó en Vietnam, y su nieto, en alguna de las operaciones en el Golfo Pérsico. La guerra es una droga necesaria en Estados Unidos, el pueblo necesita su dosis pequeña de héroes. Y el cine, de esas historias: es una relación perfecta.


Aún así, los conflictos del siglo XX han producido soldados distintos: los reclutas de las dos guerras mundiales fueron recibidos con besos de muchachas bellas en Nueva York; los de Vietnam, con distubios en las calles de Chicago. En el caso de las guerras modernas, las que sangran Oriente Medio, el ejército está formado por soldados profesionales, voluntarios. Ellos forman parte del análisis que Kathryn Bigelow hace del héroe actual en su película The Hurt Locker; sobre todo, de los zapadores que desactivan minas en las calles de Bagdag. Son presentados como individuos superiores, que han escogido por vocación un trabajo con un pie en el cielo y otro en la tierra. Mitad robot y humano disfrazado con una escafandra, los soldados no sufren como el capitán Miller en la Francia nevada. Y, en su tiempo libre, siguen disfrutando con la guerra por televisión, con videojuegos Shoot' em up (mata todo lo que puedas). Como dice la directora de cine: "Su coraje y audacia vienen en parte de una necesidad egoísta y no de un puro altruismo".

La guerra en Estados Unidos es una experiencia vital, la próxima generación la va a reclamar por egoísmo, para parecerse a sus padres, y abuelos.

Foto 1 Flickr: MATEUS_27:24&25
Foto 2 Flickr: dgphill

lunes, 22 de marzo de 2010

Lo que no se ve

Hoy, en clase, han puesto un trozo de El séptimo sello, de Bergman. En la primera escena -el comienzo del film- aparecía un ave suspendida en el aire. La mofa ha sido general, a todos nos parecía demasiado evidente que había un hilo de coco que sujetaba al animal.

Pero no es así, el plano es real. Igual que las gaviotas en el puerto, este animal está suspendido, aprovechando las corrientes de aire.

Los efectos digitales nos han convertido en espectadores más precavidos, que dudamos de la construcción de los planos, y de la realidad que intentan transmitir. Eso sí, a ver quién es el listo que podía imaginar que muchos exteriores del cine son de color verde o azul (croma):



Con este vídeo -y los demás del canal- la empresa Stargate Studios muestra a los clientes potenciales qué sabes hacer, y cómo trabajan. Es muy recomendable darse una vuelta por su web, y dejarse sorprender con lo que el espectador no suele ver.

domingo, 21 de marzo de 2010

Los culpables de todo esto

Hoy, domingo 21 de marzo de 2010, desvelamos en Cinemascope35 los rostros que hay detrás del blog. Y, con este gesto simbólico, también quiero pedir perdón por tener esta página un poco abandonada.

Así que, a partir de ahora, retomamos la continuidad en la publicación. Y, si queréis, podéis discutir sobre nuestra gemelidad.

Foto: Ana P. Bosque

lunes, 8 de marzo de 2010

"En tierra hostil" hace justicia, pero los Oscar salen perdedores


Terminaron los Oscar a eso de las 6 de la mañana hora peninsular, y sentí una especie de sudor frío recorriendo mi espalda, puede que fuese el sabor de la venganza. Más allá de la ceremonia, yo había logrado una victoria moral, "Avatar" se desvanecía como el azucarillo que es y por eso, hoy mismo me voy al cine a ver "Shutter Island", el día de aquella apuesta yo estaba en estado profético.

“Avatar” fue gratamente ninguneada (premios como la fotografía o la dirección artística no recompensan espiritualmente cinco años de trabajo) y En tierra hostil” se alzó como vencedora en una noche sin grandes favoritas, y donde había mucho en el aire. Por su parte Kathryn Bigelow tomó la alternativa ante su ex-marido y obtuvo el primer Oscar a la dirección para una mujer, sus proyectos de futuro cobran a partir de ahora una especial relevancia mediática.

Cuentan quienes estuvieron allí (yo lo oí por la radio) que fue una noche espesa, con unos desafortunados Steve Martin y Alec Baldwin, poco o cero humor y una destacable ausencia de estrellas como Angelina Jolie. Hay quien, con sorna y desde España, pedía a Andreu Buenafuente que aprendiese inglés, para darles una lección a todos estos de Hollywood.

Para mí, lo más destacable de una ceremonia habitualmente rendida a los intereses económicos y las campañas de promoción, no fue el triunfo de “En tierra hostil”, sino la ausencia de oposición real. Ninguna de las candidatas a Mejor Película (ni “Avatar”) aparecen como rivales de altura del filme de Bigelow, que, aunque espectacular, no deja de ser una obra menor. Ya digo, ni “En tierra hostil”, ni “Up”, ni “Precious”, ni “Malditos Bastardosni el resto de películas nominadas como “Mejor” pasarán a los anales como “obras maestras”, de aquí a cinco años se nos habrán olvidado. Esto refleja, en mi opinión, una falla grandísima en el futuro de la industria norteamericana, que tiene que reflexionar mucho ante la pujanza de nuevos mercados, como América Latina, o la recuperada Europa.



Porque es en la categoría de Mejor película de habla no inglesa en donde el espectador puede encontrar aquellas obras que pasarán a la gloria. “La cinta blanca”, “Un profeta”, (estas dos en los cines actualmente) “El secreto de sus ojos”, “La teta asustada” y no sé si “Ajami” (un filme israelí de la que no he tenido noticias) son películas profundas, de aquellas que recomiendas a tus amigos encarecidamente, que conmueven, revolucionan y te hacen reflexionar. Son, en definitiva, CINE con mayúsculas.

El resto, no deja de ser entretenimiento. Hollywood debería considerar (sino lo ha hecho ya) hacia qué público quiere dirigirse.

sábado, 6 de marzo de 2010

"Un profeta"; se merece un Oscar

Parece que últimamente a la taquilla española le gusta el cine carcelario. Tras el éxito arrollador de “Celda 211”, ha llegado a las salas “Un profeta”, con la misma dinámica (la vida en una cárcel) pero mucha más fuerza y calidad cinematográfica. La verdad es que Jacques Audiard ha conseguido filmar una obra maestra en un género tan trillado como el carcelario. A pesar de ello, lo tendrá difícil en los Oscar.


Pude ver “Un profeta” en el Festival de Cine de San Sebastián allá por 2009 y me dejó muy buenas sensaciones. Narra la historia de un argelino recién metido en la jungla carcelaria, no es el más fuerte, pero sabe que para sobrevivir tiene que luchar. Gracias a su inteligencia y su visión estratégica va ascendiendo en la jerarquía de las bandas de la cárcel, hasta llegar a ser uno de los capos.

Vistas en perspectiva, “Celda 211” y “Un profeta” se asemejan, pero eso sólo temáticamente. Ambas hablan sobre la lucha por el poder en una cárcel, pero, mientras “Celda 211” se recrea en lo melodramático y sentimental, “Un profeta” toma todas estas características y aporta un valor más, saber mezclar fantasía y realidad hasta hacer que ambas se confundan. En momentos, recuerda los mejores momentos carcelarios de “La naranja mecánica”, con ese sistema presidiario tan absurdo y caduco.


Pero es sin duda ese matiz de irrealidad, que he comentado antes, el que pone de relieve la calidad de esta idea. A través de sueños, apariciones y pesadillas, el protagonista, “Malik El Djebena”, recibe a un guía espiritual que le ayuda a construir su camino de ascenso hacia el poder. Este toque de magia es el que derriba las barreras del género, convirtiendo una posible “Celda 211” en una magnífica “Un profeta”.

Aunque sería estúpido ignorar la fuerza que aporta el guion como columna vertebral del filme. Tomando como hilo argumental la lucha de bandas en el penal, presenta un colorista mosaico multicultural de gángters; la lucha entre los corsos y los barbudos (musulmanes), que crea una dicotomía entre la vieja escuela mafiosa y las nuevas hornadas, un mundo que muere, muy a lo “Corleone” (con leyes, códigos) y otro de inmigrantes, que reclaman su parte.

Los personajes asombran por lo bien construidos que están y, a la vez, su realismo. Una tarea que a los guionistas no debió resultarles nada fácil, porque cada uno es como un bifronte, son despiadados y crueles, pero están solos en el mundo, se sienten traicionados, y responden con violencia. Pero, si el papel es bueno, Tahar Rahim, el actor protagonista, crea un líder genial; frío y calculador, que engaña, parece débil, pero sabe preocuparse de los que le necesitan, como un gran padre, un “padrino” clásico.

Acabo con el guion, porque presenta un proyecto tan bien armado que no deja espacio a la relajación, el espectador tiene que estar pendiente en todo momento de los hilos que va tejiendo “El Djebena” para lograr el poder. Además presenta varios giros de guion que te dejan impactado y que sirven para desarrollar en profundidad esta preciosa historia. No puede dejar de interesarte.