sábado, 31 de octubre de 2009

"Sin nombre"; un estreno patético

Este fin de semana ha llegado a las salas de cine, con mucho bombo y platillo, la película "Sin nombre", un originalísimo título para una obra que no merece ni un vistazo de sus créditos. No se dejen engañar por anuncios o trailers, cuando la premiaron en Sundance debía de ser April fools' day.

Ni siquiera sé qué hago hablando sobre "Sin nombre", es tan patética que no se merece ni un párrafo, ni que yo desperdicie mi tiempo escribiendo sobre algo que no van a ver, pero considérenlo una obra benéfica, yo les advierto sobre "el horror".


A ver, ¿cómo se lo explico? si uno pone "Sin nombre" en Google, el primer resultado que te reporta es un mensaje que dice:
"Es usted estúpido, ¿cómo va a buscar algo que no tiene nombre?"
Bobadas aparte, centrémonos. "Sin nombre" es la pretenciosa película de una suerte de director californiano-japonés de nombre Cary Fukunaga, que en un arresto de humildad y curiosidad antropológica, decide hacer un drama (dígase con voz de hastío) sobre una inmigrante hondureña que intenta llegar a EEUU con su familia pero por el camino es asaltado y atracado por una "mara", con tanta suerte que "El casper", un "maroso" o pandillero se apiada de ellos y decide protegerles.



El film es un compendio de disparates y escenas comunes de otras películas sobre inmigración, sinceramente, para quien no lo sepa, el tema de la dura frontera Méjico-EEUU está tan trillado que esta película no logra aportar nada novedoso y el espectador acaba embadurnado en su propia bilis de tanto dramatismo facilón.

Desde el principio vemos una historia falsamente dura que en ningún momento llega a emocionarte porque su lenguaje narrativo es tan plano como manido, muertes por aquí, muerte por allá, una vida marcada por la mendicidad y la violencia... Y el espectador, que no es tonto, acaba dándose cuenta que está ante la más tópica de lás películas y que ha tirado 2 horas de su vida ante semejante bodrio. Por último, mi irritación llegó a tal punto que estaba deseando que "El casper", ese mataniños con buen corazón, acabe despeñado y descuartizado en cualquier cuneta, qué coñazo de personaje. Y encima el final de toda esta patética historia es tan previsible que dan ganas de arrancar la butaca y tirarsela a Cary Fukunaga.



Al menos hay una actriz que poco a poco parece ir conformando una prometedora carrera, hablo de la protagonista, Paulina Gaitan, el único diamante en este comedero de cerdos.