viernes, 13 de noviembre de 2009

"Celda 211": Buenas actuaciones, pobre guión



¡Ay! Hay actores que son capaces de levantarte una taquilla, y si son muy buenos, una sala entera rota en aplausos. Luis Tosar es uno de aquellos, ojalá Daniel Monzón lo hubiese sabido cuando rodó una de las peores películas del cine español "El corazón del guerrero". Pero lo que hoy es innegable es que a "Celda 211" le va bastante bien, ha tenido buenas críticas y está arrasando en taquilla, y, no nos engañemos, es gracias a Luis Tosar.

Uno va al cine con el recuerdo fresco de la genial "Un prophéte", una deliciosa pieza carcelaria donde fantasía y realidad casaban a la perfección con los entresijos de un mundo propio de "Prision Break". Sin embargo, "Celda 211", desde el principio, te muestra sus secretos y la ves llegar, resulta tremendamente previsible, sin giros que asombren al espectador ni le hagan pensar. Seguramente esta previsibilidad reside en sus numerosos errores de guión, la trama salta a trompicones, sin apenas justificaciones. Es difícil contar una buena historia en dos horas, es aún más difícil si no eres un genio del cine, y es casi imposible si eres mediocre, "Celda 211" adolece de este último mal, su director, Daniel Monzón, no es capaz de crear una historia lógica, demasiadas casualidades.

Y el mayor mal del que puede cojear un director mediocre es el del sentimentalismo, estoy HARTO (podríamos crear un grupo de Facebook) de que en todas las películas algun ser cercano al protagonista tenga que pasarlas canutas, o que por ejemplo, sea tratado con dureza, sin tener una justificación demasiado clara, o yo que sé, que se caiga por una escalera sólo para conseguir poner al público del lado del protagonista, pero sin motivos que lleven a que se caiga por una escalera, es un ejemplo, quizá no el mejor. Los directores de cine deben apelar a la inteligencia del espectador, no darle todo mascado, porque sino es probable que se vea maltratado.

Quizá sea yo, que me esperaba un film mucho más sesudo y filosófico. Aunque no todo son reproches al guión, debo agradecer al director, Monzón, su habilidad para mantener el ritmo de la historia siempre a un nivel muy alto, no puedes aburrirte, sabe convinar a la perfección ácidos y puntiagudos diálogos, con espectaculares momentos de acción y ritmo eléctrico.

Pero amigos, a veces el cine son los actores, y en esta película dos de ellos, el mencionado Luis Tosar y Alberto Ammann, los dos protagonistas, saben representar tan perfectamente su papel que te dejan ojiplático. Tosar, con esa voz desgarrada y esa musculatura cuasi vigoréxica, se mimetiza a la perfección con el mal, su personaje "Malamadre", es una sombra, una voz, que agita a las masas. "Malamadre" es el animal, es el instinto, mientras tanto, Alberto Ammann, es "Calzones", un tipo que representa el bien, y porque no decirlo, casi la inocencia, se ve envuelto en la vorágine del caos, hasta tal punto que llega a ser el cerebro del mal. En esa prisión, "Calzones", es la inteligencia, el plan, incluso el humano. Pero ambos se intercambian el papel de bien y el mal durante toda la película, realzando la fina línea que separa el bien del mal, en el fondo todo depende del prisma con el que lo mires.


Una buena opción para pasarlo bien y comer palomitas, pero poco más.