miércoles, 23 de diciembre de 2009

¡Sí, son dibujos para niños!


Hace ya mucho tiempo hablé de los dibujos animados como una gran vía de escape creativo, hoy día nadie duda de que detrás de "Los Simpson", "Padre de familia" y "Futurama" hay cabezas pensantes con dos doctorados en Harvard, a los que hay que reconocer que sin ellos la vida sería mucho más dura.

Sin embargo, estos dos ejemplos son dibujos animados para todos los públicos (el primero) y un poco más adulto (el segundo). No sé por qué extraña razón hay gente a la que le avergüenza reconocer que ve dibujos animados para niños, yo los veo. Porque, parémonos a pensar, en toda conversación tabernaria entre conocidos, siempre se llega al momento "dibujos míticos de mi infancia, queporsupuestoeranmejoresquelosactuales".

Pero reconozcámoslo, hoy día se hacen grandes cosas para los niños, quién tuviese esos dibujos de crío. El mejor ejemplo de esto que digo es "Pocoyo", un producto catalán que ha sabido traspasar fronteras con humor y ternura, y que televisivamente hablando es de los más educativo que hay hoy día.




El caso que nos ocupa hoy, lo descubrí por casualidad en Disney Channel y desde el principio vi que tenía algo especial (que falacia), es Phineas y Ferb, una serie estadounidense que narra el verano de dos hermanos que pretenden no aburrirse en esos días de calor. Bajo la atenta vigilancia de su hermana mayor, los dos hermanos llevan a cabo descabellados planes para divertirse. La grandeza de esta serie está en su absoluta sencillez, que combina en perfecto maridaje con un humor muy adulto y situaciones surrealistas. ¡Ah! ¿He comentado que su mascota es un ornitorrinco azul que a su vez es un agente secreto?

Tiene muchas claves para el éxito, la que yo más aplaudo (y cada día está más extendida en la televisión) es su ausencia intencionada de moraleja. Es entretenimiento puro y duro, genial. Otra clave de su atractivo es la apuesta por el humor por encima de otros mensajes, en sus primeros capítulos pesa mucho la acción y poco el diálogo, en sus últimos se ha equilibrado, tiene mucho de humor y es una trama entretenida. Por último quiero destacar a su coprotagonista, Ferb, un cerebrito que no habla, no es que sea mudo, es que no lo necesita. Es raro ver silencio en el cine, mucho más en la televisión. Yo creo que hacer buenos silencios es tan difícil y encomiable como un buen diálogo.