lunes, 8 de marzo de 2010

"En tierra hostil" hace justicia, pero los Oscar salen perdedores


Terminaron los Oscar a eso de las 6 de la mañana hora peninsular, y sentí una especie de sudor frío recorriendo mi espalda, puede que fuese el sabor de la venganza. Más allá de la ceremonia, yo había logrado una victoria moral, "Avatar" se desvanecía como el azucarillo que es y por eso, hoy mismo me voy al cine a ver "Shutter Island", el día de aquella apuesta yo estaba en estado profético.

“Avatar” fue gratamente ninguneada (premios como la fotografía o la dirección artística no recompensan espiritualmente cinco años de trabajo) y En tierra hostil” se alzó como vencedora en una noche sin grandes favoritas, y donde había mucho en el aire. Por su parte Kathryn Bigelow tomó la alternativa ante su ex-marido y obtuvo el primer Oscar a la dirección para una mujer, sus proyectos de futuro cobran a partir de ahora una especial relevancia mediática.

Cuentan quienes estuvieron allí (yo lo oí por la radio) que fue una noche espesa, con unos desafortunados Steve Martin y Alec Baldwin, poco o cero humor y una destacable ausencia de estrellas como Angelina Jolie. Hay quien, con sorna y desde España, pedía a Andreu Buenafuente que aprendiese inglés, para darles una lección a todos estos de Hollywood.

Para mí, lo más destacable de una ceremonia habitualmente rendida a los intereses económicos y las campañas de promoción, no fue el triunfo de “En tierra hostil”, sino la ausencia de oposición real. Ninguna de las candidatas a Mejor Película (ni “Avatar”) aparecen como rivales de altura del filme de Bigelow, que, aunque espectacular, no deja de ser una obra menor. Ya digo, ni “En tierra hostil”, ni “Up”, ni “Precious”, ni “Malditos Bastardosni el resto de películas nominadas como “Mejor” pasarán a los anales como “obras maestras”, de aquí a cinco años se nos habrán olvidado. Esto refleja, en mi opinión, una falla grandísima en el futuro de la industria norteamericana, que tiene que reflexionar mucho ante la pujanza de nuevos mercados, como América Latina, o la recuperada Europa.



Porque es en la categoría de Mejor película de habla no inglesa en donde el espectador puede encontrar aquellas obras que pasarán a la gloria. “La cinta blanca”, “Un profeta”, (estas dos en los cines actualmente) “El secreto de sus ojos”, “La teta asustada” y no sé si “Ajami” (un filme israelí de la que no he tenido noticias) son películas profundas, de aquellas que recomiendas a tus amigos encarecidamente, que conmueven, revolucionan y te hacen reflexionar. Son, en definitiva, CINE con mayúsculas.

El resto, no deja de ser entretenimiento. Hollywood debería considerar (sino lo ha hecho ya) hacia qué público quiere dirigirse.

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