miércoles, 10 de junio de 2009

"Synecdoche, New York"



Esta es, sin duda, una de las críticas más difíciles que he hecho hasta ahora. Porque "Synecdoche, New York" es una película compleja, es una película total. Es una sinécdoque.

¿Qué es una sinécdoque? Un tropo que consiste en designar un todo por el nombre de una de sus partes.
Como síntesis, aunque esta película es imposible de sintetizar, podemos decir que "Synecdoche, New York" narra la vida de un director de teatro neoyorkino (Philip Seymour Hoffman) obsesivo. Sumamente hipocondríaco empieza a preocuparse por su salud y por la posibilidad de la muerte, y se plantea dos metas: llegar a ser feliz, y realizar la mayor obra de teatro de todos los tiempos.

Charlie Kaufman (guionista de "Como ser John Malkovich" y "Eternal sunshine of the spotless mind") toma las riendas de este proyecto y realiza la que es su primera película como director. En un principio el film nos presenta a un protagonista tímido e hipocondríaco que se obsesiona con su muerte y su carrera. Está casado, tiene una hija, pero es consciente de que no es feliz, y se obsesiona con lograr la felicidad. Consciente de que no puede encontrarla en las mujeres, se vuelca en hacer una obra de teatro monumental y que sea recordada.

Y aquí es donde la película se vuelve escandalosamente barroca. El protagonista decide crear una obra de teatro que sea un reflejo de todos los problemas del ser humano, la soledad, el amor, la familia, el trabajo, convirtiéndose, a la vez, en un reflejo de su propia vida.


Por tanto, tiene que contratar a un actor que haga de él mismo, otro que haga de su mujer, otro que haga de su secretaria, hasta que al final se ve obligado a recrear todo Nueva York. Creando así, una realidad paralela, donde los personajes siguen actuando y viviendo como si no se tratase de un ensayo. Tanto trabajo hace que su vida se vaya hundiendo poco a poco, pasan los años, el director va envejeciendo y la obra no está terminada. Y toda esta decadencia tiene su paralelismo en la obra de teatro.

Esta trama trágica se mezcla con puntos de humor absurdo y extravagante; como la casa permanentemente en llamas donde vive uno de los personajes, saltos en el tiempo, sueños extraños, y el consiguiente caos que produce el que haya dos o tres personas interpretando al mismo personaje.


De esta forma, el director crea una sinécdoque entre; lo que es y hace el protagonista y el ser humano, entre la ficción y la vida real, y entre lo que es Nueva York y el planeta Tierra. De tal forma que Kaufman hace entender que; para muchos, la vida es una obra de teatro en la cual interpretamos un papel prefijado por la sociedad y del que nos es imposible salir. Y que sólo alcanzaremos a ser nosotros mismos cuando nos veamos reflejados en los ojos de los demás.

Con esta película, Charlie Kaufman intenta hacernos reflexionar sobre lo sobrevalorado que está encontrar la felicidad para tener una buena vida. E igualmente, lo ridículo que es buscar el éxito por encima de todo. Kaufman critica fuertemente estas búsquedas individualistas y propone como solución intentar escuchar y comprender a los que nos rodean, ser uno para los demás.

Una película absolutamente recomendable, aunque te dejará un poco descolocado y con la cabeza llena de tribulaciones existenciales. Disfrútenla. Yo la he puesto un 8

En España todavía no se ha estrenado.

3 comentarios:

Kowagunga dijo...

Me encanta Charlie Kauffman, he visto casi todas sus peliculas, y la verdad es que a cada cual más rara. De hecho es el tio que hace las pelis más raras de todas, pero aun asi muy bien pensadas.
Así que ardo en deseos de ver la que realmente será la primera 'suya' (aunque con todos sus guiones las películas han tenido bien marcada su huella).
Bien por el artículo Wilfred. Poco falta para gritar contra los fuegos artificiales con hilarantes tonadillas.
Ciao!

Guillermo Rivas Pacheco dijo...

"Hilarante" (ante, ante, ante...)

joserra dijo...

un placentero orgasmo... con un final desquciantemente grato