jueves, 10 de julio de 2008

El fin de las historias


Hace unos días conocimos la liberación de Ingrid Betancourt, en manos de las FARC desde hace seis años. Tras las pertinentes reconciliaciones, las felicitaciones y la esperanza de que no sea la última, Ingrid habló ante los medios, uno de ellos el diario "El Tiempo" de Colombia, haciéndose eco de lo allí expuesto el diario nacional "El País". Tras relatar las penalidades que pasó, las condiciones infrahumanas y las espantosas marchas por la jungla, Ingrid deja esta reflexión:

"Hay un situación en el secuestro y es que al final ya nadie tiene que decirse. Y por lo tanto usted llega a un campamento de secuestrados y todo el mundo está en su caleta en silencio."

Esta reflexión, trasladada al mundo del cine, nos tiene que hacer pensar sobre el fin de las historias. Todos los años se habla de crisis en la industria del cine, en cualquier país y en cualquier situación la sombra del fin del cine revolotea por la cabeza de los cinéfiles.
Al margen de crisis económicas, de falta de apoyos, u otras excusas planteables, en mi opinión que el cine viva crisis cíclicas tiene más que ver con la capacidad de contar historias. Como el cine, al igual que la literatura, cuenta historias, debe aprender a contar esas historias.
Porque las historias han sido y serán siempre las mismas, con contadas excepciones (cada nueva generación puede aparecer una nueva historia). Pero en sustancia, desde la Grecia clásica siempre se han tratado los mismos temas, los mitos clásicos, que para bien o para mal, persiguen al hombre.

Si hay que buscar una excusa a la crisis del cine esa debe ser la incapacidad de narrar las mismas historias pero introduciendo elementos y puntos de vista novedosos. Y en este punto la culpa es de los realizadores, no del público o de internet, sino de los directores y guionistas, y su capacidad para crear.

Que los realizadores actuales de medio mundo sean incapaces de dar con la tecla quehace que la historia de toda la vida pueda resultarte novedosa nos lleva a buscar otros estimulantes, y para mí esos estimulantes están actualmente en las series de televisión de EEUU y su incontestable Edad de Oro.
Series como "The Wire", "Weeds", "Dexter, "The Office, y otras muchas, nos permiten creer que todavía existen formas novedosas de contar historias.


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