lunes, 29 de diciembre de 2008

La muerte de los dioses


Hubo una época a principios de siglo XX donde los espectadores eramos inocentes vagabundos culturales que sentían pavor al ver un tren en una pantalla, o se morían de risa con el trompazo más pueril. Ese espectador murió hace tiempo, y ya sólo los efectos especiales nos llaman la atención.

Uno de esos pioneros del cine fue Roscoe Arbuckle, "Fatty" (gordito) para el gran público. Él fue uno de los mayores actores del cine mudo, uno de los mejores actores cómicos de la historia, y en definitiva un hombre tan importante como su peso (140 kilos). Pero las desgracias de la vida y un mal llamado "periodista" le llevaron a una muerte prematura allá por el blanquinegro 1933.

"Fatty" nació en 1887 en Kansas, EEUU, y llegó al cine en 1913 de la mano de Universal. Escogió el apodo de "gordito" por su obesidad, aunque odiaba ese mote ya que, a pesar de su peso, era muy agil y capaz de moverse con asombrosa soltura.

En 1916 ya era toda una estrella y se pasó a la Paramount donde contaba con su propia compañía, la "Conique Film Corporation", algo inimaginable en la época, a lo que hay que sumar un sueldo de un millón de dólares.
Su espectacular éxito se debió a su gran capacidad para crear gags que hoy día son clásicos. Para que os hagáis una idea el creó el tartazo en la cara y el género splastick basado en los tortazos y golpes. Además fue él quien aconsejó a Charles Chaplin usar el bombín, los zapatos y los pantalos bombachos que le hicieron famoso e incluso descubrió a cómicos tan importantes como Buster Keaton y Bob Hope.

Fue Buster Keaton, a quien Arbuckle hizo debutar en 1917 en su película "The Butcher Boy", quien mejor entendió a Roscoe, formando la primera pareja cómica de la historia del cine (plagiada después con descaro por "el gordo y el flaco") y forjando una amistad que duró hasta la muerte de "fatty" en 1933.

Pero si hay un mundo envidioso y rencoroso ese es el del mundo del espectáculo, y raro es el actor que no ha tenido que superar algún tipo de escándalo. El de Roscoe Arbuckle llegó el 3 de septiembre de 1923. El hombre del millón de dólares, el que llegó a filmar tres películas a la vez, el que, por contrato, no podía bajar de los 140 kilos, se dio un descanso y organizó una fiesta con dos amigos en un hotel de San Francisco, entre los invitados hubo un nombre que no olvidarían, Virginia Rappe, una desconocida actriz de 26 años.

Durante el transcurso de la fiesta Rappe, notablemente ebria, cayó enferma, por lo que se avisó al médico del hotel. 3 días después Virginia Rappe moría a raíz de una peritonitis causada por una perforación de la vejiga. Maude Delmont, amiga de la víctima, acusó a Roscoe Arbuckle de haber provocado la perforación de la vejiga al violar a Rappe (curiosamente Rape=violación).
En estas apareció William Randolph Hearst y montó el "Escándalo Arbuckle". Este mal llamado "periodista" (principal impulsor del sensacionalismo y padre de frases como "No es noticia que un perro muerda a un hombre sino que un hombre muerda a un perro" y "Si no hay una guerra te la inventas") vio en este caso un filón extraordinario para vender periódicos.

Un gordinflón y popular actor acusado de violar a una inocente y joven actriz en el marco de una de las sociedades más puritantas de la historia, a pesar de la ausencia de pruebas, era pretexto suficiente para hundir a uno de los mejores actores de la historia. Arbuckle tuvo que soportar toda la patraña informativa de Hearst, donde se llegaba a especular que Rappe había sido violada con una barra de hielo, con una botella de Coca-Cola o que el peso de "fatty" al violar a Rappe había sido la causa de su muerte. Tras dos juicios nulos por ausencia de pruebas en contra, Roscoe Arbuckle fue absuelto por un jurado popular, pero su imagen había quedado destrozada.

Pocos amigos le quedaron a Arbuckle. Las asociaciones vigilantes de la moral pidieron su pena de muerte y los directivos de la industria del cine se negaron a contratarlo de nuevo. Muchas de sus películas anteriores al escándalo fueron censuradas y sus copias se perdieron, quedando sólo aquellas que habían sido exportadas al mercado europeo. Al menos su compañero y amigo Buster Keaton, en medio del escándalo. salió en su defensa y declaró que "fatty": era un de las almas más amables y bondadosas que había conocido.

Fue Buster Keaton el más interesado en recuperar su imagen y su carrera en el cine, así mientras Roscoe Arbuckle se embarcaba en un mundo de alcoholismo y depresión, Keaton le metió a trabajar en sus proyectos, firmando guiones y dirigiendo algunos cortometrajes bajo el pseudónimo de William Goodrich.

"Fatty" volvió al cine como actor en 1933, diez años después del escándalo, firmando un contrato con Warner Brothers que le hizo declarar: hoy es el día más feliz de mi vida. Unas horas después fallecía Roscoe Arbuckle de un ataque al corazón, era el 29 de junio de 1933. Uno de los hombres más graciosos de la historia se despedía a los 46 años, y como dijo Buster Keaton murió porque le habían partido el corazón, su gran corazón.

Información:
Wikipedia
Imdb
Sociopatía

Actualizo: Pecado imperdonable el mío, hablar tanto y tan foribundamente de alguien y no mostrar una muestra de su trabajo, lo dicho, imperdonable. Disfrutenlo.


2 comentarios:

Ibarguren dijo...

Una gran, gran entrada Guillermo. No sé porqué siempre la sociedad tiende a cargarse al que está en la cima. Bueno, sí, la maldita envidia. Todos relacionados con el mundo del espectáculo, aquel que llega a más gente. Por ejemplo... Michael Jackson, que al margen de que las acusaciones sean ciertas o no, es indudable que siempre ha habido una cacería de brujas contra él.

Y la prueba la tenemos en la historia: no es el primero que sufre las consecuencias de la masa.

Un saludo, me ha encantado.

Guillermo Rivas Pacheco dijo...

Gracias por tus palabras Carlos.

Cuando leí su historia me caló hondo y me hizo reflexionar sobre el poder del periodismo sobre el mundo, el llamado "Cuarto poder".

Como tengo la intención de llegar a ser periodista no puedo menos que denunciar al falso periodismo que desprestigia la profesión