jueves, 29 de enero de 2009

Los Limoneros


La historia de dos mujeres encarceladas en su sociedad

Lemon Tree gira entorno a un conflicto, Israel y Palestina, pero demuestra lo absurdo que es con una metáfora: la disputa por un limonero. Por desgracia, estos dos países han vuelto a ser protagonistas de una guerra durante el último mes. Parece ser que, aún contando dramas inútiles y cotidianos, la historia sigue siendo la misma.

Eran Riklis construyó una historia sencilla, con personajes creíbles, y tuvo la gran maestría de no caer en maniquísmos, tan propios de estos argumentos. La película habla del Ministro de Defensa israelí que se muda a un terreno cercano a la frontera con Palestina; entonces, el servicio secreto diseña un sistema de seguridad donde el huerto vecino, propiedad de una mujer palestina (perfecta la interpretación de Hiam Abbass), es calificado de zona peligrosa , y que, por tanto, hay que talarlo. Es en este punto de la película donde el conflicto interno refleja la situación histórica del Estado palestino: décadas de expropiación "legal" de sus tierras y la ocupación de los llamados "colonos".


A continuación, las dos sociedades -israelí y palestina- hacen su acto de presencia y de presión. Del lado palestino aparecen un grupo de hombres que obligan a Salma Zidane (la protagonista musulmana) a que no acepte la indemnización que el gobierno de Israel la ofrece. También, aparece su hijo, que hace años emigró a Estados Unidos, y que le pide a su madre que se despreocupe del limonero y que vaya a vivir con él -lo que expresa una reflexión profunda sobre la actitud de muchos jóvenes palestinos cansados de luchar por sus derechos-. El contrapeso a esta figura es el abogado Ziad Daud (Ali Suliman, que también sale en Paradise Now, 2005) que ayuda a la mujer. Y, además, omnipresente en un cuadro colgado en la cocina, con una pizca de humor (por la propia imagen), se hace visible la figura de su marido, fallecido años antes. Con estas características se proyecta el machismo que existe en el bando palestino, y se escenifica la lucha que hace la protagonista musulmana también contra su sociedad.


El machismo en la sociedad israelí está personificado en el Ministro de Defensa, más ocupado en cumplir con sus funciones de político que en entender la postura de su mujer (interpretada con mucha fuerza por Rona Lipaz-Michael) frente a la destrucción del limonero. Entre las dos mujeres apenas hay conversación, pero sí se mantiene un juego de miradas: al principio tímidas por parte de la israelí, puesto que la palestina aparenta ser más libre; y que van evolucionando hasta expresar cierta compresión que, al final, ninguna de las dos será capaz de expresar de manera oral.

La trama nos aporta también la aparición de un personaje secundario de lujo: un soldado israelí, joven, encargado de vigilar el limonero desde su atalaya, y preocupado por su formación intelectual. Con esto, el director nos presenta una imagen más de esta "guerra fría": el hombre no es agresivo por naturaleza, ni aspira a serlo. Es, como este personaje: humilde, con humor aunque sin provocarlo, y dispuesto a ayudar a quien lo necesite.


Al final de la historia todo se pudre, aunque eso no parece importar a las protagonistas, que siguen con su vida como si nada hubiese pasado, como ocurre siempre en los conflictos, donde lo que de verdad importa son las personas, y no los trozos de terreno, el poder o el dinero.

En el plantel de actores destacan las dos mujeres: Hiam Abbas (palestina) y Rona Lipaz-Michael (musulmana). La primera, que ya trabajó con Eran Riklis en la película The Syrian Bride (2004) y que, como dice su director en esta entrevista extraida del blog Cinemaspop, "quería volver a dirigir a Hiam Abbas, esta vez en un papel principal". Y que, además, aparece en Paradise Now (2005) junto a Ali Suliman, y también participó en Munich (2005) de Spielberg. En cambio, Rona Lipaz-Michael es debutante en el cine.


Tuvimos la suerte de conocer a su director en el Festival de Cine de San Sebastián, cuando vino a presentar su película (perdonen la calidad de la imagen, puesto que es de mi autoría y echa in situ con una cámara no profesional). Era un hombre muy cercano y, al igual que su trabajo, me transmitió la sensación de que, en Oriente Próximo, otra realidad es posible.

Por último, señalar que este trabajo se llevó en Berlín el premio del público en la edición de 2007 y que, en San Sebastián, tuvo una gran acogida por parte del jurado.

Un saludo, la redacción de Cinemascope35

1 comentario:

Guillermo Rivas Pacheco dijo...

Ciertamente en San Sebastián mereció ganar algún premio porque fue de las que mejores sensaciones transmitió y de las que más gustó.

Se estrenó en octubre, en pocas salas (en Pamplona estaba) y desapercibida por los medios.

Pero en San Sebastián fue de las mejores.