viernes, 23 de enero de 2009

Gran Torino



Un Ford Gran Torino echa una carrera contra un Toyota y ¡empatan!


Clint Eastwood enamora hasta a su sombra. A su lado actúas como un completo imbécil, porque él siempre será mejor que tú. Su imagen ha ido evolucionando en la gran pantalla: en un extremo de la balanza está el tipo duro con poncho de "El bueno, el feo y el malo" ("Il buono, il brutto, il cattivo"; Sergio Leone , 1966); y, en el otro, el tipo duro con 78 años de Million Dollar Baby y Gran Torino -en España se titularía "Seat Panda", o algo así- con los pantalones subidos hasta las orejas, pero que mata vacas a tortazos. El vaquero eterno ha vuelto a realizar una obra a su altura; sencilla, pero capaz de eliminar el horror vacui que casi siempre sufren nuestros sentimientos tras ver una película de Hollywood.


Gran Torino sigue un poco la estela de Crash o Babel: las historias están matizadas por un odio racial compartido. En el trabajo de Clint Eastwood hay bandas latinas, coreanas y afroamericanas; no son el eje de la historia, pero el transfondo de una juventud perdida en esos ambiantes es evidente. Y, en medio, vive Walt Kowalski el personaje de Eastwood: de orígenes polacos, pero con una larga tradición familiar en Estados Unidos, lo cual representa un choque entre unos inmigrantes ya asentados y otros en vías de hacerlo. Pero, además, hay una colisión generacional que es la que da ritmo a la película.

Walt Kowalski es un jubilado que dedicó toda su vida a trabajar en una fábrica de coches Ford. Y que, con esfuerzo diario, mantiene impoluto un poderoso Gran Torino del 72, que nunca utiliza. En cambio, uno de sus dos hijos trabaja para Toyota. Ahora, tras quedarse viudo, huye de la sociedad que no entiende y que desprecia. Estos pequeños conflictos diarios evidencian la transformación de su mundo y de su barrio, que pasa a estar habitado por inmigrantes. El coche se convierte en un símbolo: es fuerte, es un objeto de deseo por los demás, es un cetro. Es resistencia ante el paso del tiempo.


"Los niños y los ancianos tienen un enemigo común: los padres". Esta frase, más o menos literal, la pronunció Woody Allen, y en esta película adquiere veracidad. Clint Eastwood refleja, como actor y director, a una generación, la suya, que ha luchado en diferentes guerras, que conoce el significado de la muerte y de la vida; y que ha evolucionado con una cicatriz profunda: el desprecio que recibieron los soldados cuando volvieron a casa. Hay un choque entre dos generaciones que no se entienden, y el personaje evoluciona saltando por encima y enlazándose con los jóvenes. Así, de manera escalonada, el guión avanza, sin giros extraordinarios ni experimentación narrativa. La historia sigue una línea tradicional, todos los personajes se transforman y muestran su tridimensionalidad, su profundidad. Cuando esto ocurre, la generación de Eastwood encaja, y es entonces cuando ya está preparada para desprenderse de la carga violenta que engendraron, y pervivir en paz consigo mismo, aceptando la muerte como un final evidente y natural.


Con una imagen cuidada, Eastwood nos guía por una historia sin sentimentalismos. Con planos, casi siempre, cercanos y oscuros. No hay música, sólo al final aparece una tímida canción, pero cargada de fuerza. Escasean los espacios abiertos porque la acción se suele desarrollar en encuadres pequeños y limitados: las dos casas, algunas calles del barrio. Eastwood adquiere mucho protagonismo como actor, manejándose en algunos registros que ya se habían visto en Million Dollar Baby como, por ejemplo, el de anciano cansado que no quiere tener contacto con nadie. Aún así, por la rigidez de su mirada te sorprende y te intimida a partes iguales. Y consigue transmitir mucha fuerza con su cuerpo, un aspecto que es destacable por las 78 primaveras del actor.

Me alegro de que Clint Eastwood haya vuelto a las pantallas como actor, papeles como el de esta película le harán entrar en la memoria colectiva, y sirven para demostrar que este hombre tiene cuerda para rato.

Y Clint Eastwood cogió su M1 Garand...

Un saludo, la redacción de Cinemacope35

Trailer de la película
Banda Sonora

3 comentarios:

Dani dijo...

Para mi ha sido de lo mejor de este año.
Una despedida de Clint a lo grande ya que ha dicho que era su ultimo film como actor (No como director).

Una pena que no haya rozado los oscars.

Saludos!

Guillermo Rivas Pacheco dijo...

Es curioso como un Ford Gran Torino, de fabricación yanqui, cuyo nombre hace referencia a la Turín de Piamonte, pueda ser el símbolo de América en una película sobre la multiculturalidad

Möbius el Crononauta dijo...

Ganitas tengo de verla. ¡Eastwood es muy grande! Pocos hay en Hollywood que puedan comparársele.

Saludos