jueves, 28 de agosto de 2008

Aleksandra


Chechenia, Sokurov y una abuela ecuménica

La anciana Aleksandra sube a un vehículo blindado del ejército ruso. Los soldados la miran; nadie entiende lo que está pasando. El espectador, desde su butaca, comparte la misma sensación.

Alexander Sokurov(en la wikipedia), el realizador ruso que sorprendió a toda Europa con Madre e Hijo (1997), libera en su último trabajo, Aleksandra, a una abuela en Chechenia y la usa como explorador. Sus ojos, cansados y melancólicos, son el punto de vista desde el cual el director explica el conflicto que vive ese territorio en particular, y Rusia en general. La cámara no es la primera persona de la acción, sino que Sokurov intercala planos fijos y largos (lo cual acentúa la debilidad de la mujer frente al poderío militar) con tomas cercanas y con movimientos irregulares; aún así, el espectador se relaciona primero con Aleksandra porque la siente cercana, ecuménica.


La trama de la historia gira en torno a una abuela que viaja a un campamento militar para visitar a su nieto que está destinado allí, y en donde es uno de los hombres más importantes del batallón.
A partir de esta premisa, Aleksander Sokurov nos presenta a dos personajes distintos, contrarios, pero que mantienen un vínculo inalterable: la familia. Denis y Aleksandra, nieto y abuela; uno, joven y triunfador, y otra, mayor y renqueante. Su nieto es un hombre, aunque Aleksandra, en sus ojos, mantiene la mirada tierna de quien contempla a un niño. Él ha evolucionado al estadio superior, del que es imposible regresar: ha matado.
Las conversaciones entre los dos están cargadas de reflexión, los diálogos son un lujo (yo la vi en ruso, lo cual es mejor aún), y, en este punto, quiero recoger uno de los tantos que me llamaron la atención: la situación es la siguiente, Denis, vestido con su guerrera, confiesa que ha matado. Su abuela contesta lo siguiente: - "No todos los hombres que se caen están muertos".
El análisis correcto (uno de tantos) podría ser el siguiente: ella, desde su experiencia (su marido militar, el abuelo, era recio y duro) quiere mantener la inocencia de su descendiente para que no se convierta en una persona cruel e insensible.

Mientras la relación abuela-nieto se conforma gracias a encuentros y desencuentros (alcanzando un punto máximo en la escena en la que Denis le hace una trenza a Aleksandra -como cuando él era niño-); la historia se subdivide en pequeñas ramas, como si creciesen desde el tronco de un árbol.


La mujer es independiente y así lo manifiesta. Es curioso ver la imagen de una señora mayor caminando sola por un campamento militar, rodeada de soldados armados, vehículos blindados, etc. En este punto, Sokurov pone en conflicto a las tropas (de actitud castrense y jerarquizada) con la incompresión y la inocencia ,voluntaria y deseada, de la señora Aleksandra. Así, es llamativo ver a la mujer hablando con los soldados, haciendo preguntas incómodas e indebidas: ella intenta comprender qué hacen unos chicos tan jóvenes en la guerra. Por eso, les exige que la miren a los ojos, que le muestren sus rostros, que la digan su edad. La señora, parca en palabras, interpela a uno de ellos y le pregunta que qué es lo que hace allí. Éste, como parece lógico, responde que él sirve a su patria. Otra vez, en este instante, el diálogo, construido de manera brillante por el director, saca un conflicto nuevo a relucir. Ahora, es un personaje distinto el que actúa y sobresale en la conversación soltando un pregunta retórica: ¿Por esta patria?
El problema de la situación actual de Rusia, visto desde un rincón remoto de la Federación.


Aleksandra, después de buscar respuestas en el campamento militar, se acerca al mercado de la ciudad. Con curiosidad, callejea por los puestos. Algunos ciudadanos chechenos la miran, la vigilan. Saben que es rusa, y, por eso, un chico joven se niega a venderla tabaco. La abuela está cansada y busca un sitio donde sentarse. En la tienda de Malika, y posteriormente en su casa, encuentra descanso. El odio de los chechenos a los rusos y viceversa se rompe con la relación que mantienen las dos señoras. El puente de unión, como demuestra Sokurov en esta escena, reside en que los ancianos ya se han odiado suficiente y están cansados de guerras sin sentido. Desde su punto de vista, todos somos iguales, y debemos querernos porque somos personas, nada más. Así, las mujeres no tienen problemas en dar de comer a Aleksandra en su casa, ni de abrigarla y dejarla descansar; mientras tanto, los jóvenes se odian, y el conflicto no termina.


Tras esta experiencia, la abuela se reencuentra con su nieto en el campamento. Ella, sosegada y tranquila, le anima a que hablen. Le habla de su marido y de la necesidad de encontrar una pareja para formar una familia. Aquí, transcurre un diálogo que me dejó pensando unos cuantos días. La anciana, huele a su nieto y descubre que ya se ha convertido en un hombre, porque huele como ellos. El nieto, habla sobre las mujeres y suelta una frase que en un principio parece un tópico, pero que no se vuelve contra él, como se podría pensar. Él dice: "-Todas las mujeres son iguales". Y Aleksandra contesta: "-Sí, porque todos los hombres sois maravillosos".

La escena, como el resto de la película, está acompañada de música de corte clásico. Pero, en este instante, se hace notable la unión que existe entre la escena y la banda sonora: abuela y nieto se unen en un abrazo redentor. Aquí, la imagen recuerda a las películas antigüas, al momento en que el héroe recoge en sus brazos a la mujer.

Por último, voy a dejaros una entrevista que le realizaron en Cahiers du Cinema, y que un blogger a recogido en su bitácora: entrevista a Alexander Sokurov.
En ella, deja unas perlas dignas de mención:
- "No conozco descanso alguno en mi actividad; nunca he dejado de hacer escuchar mi voz. Pocos realizadores tienen la posibilidad de trabajar tan intensamente. Después de Madre e hijo, del año 1997, empecé con tres proyectos nuevos. Vivimos en una época muy [replegada, ramassée], muy condensada, que nos impone trabajar con mayor rapidez. Pero, de todos modos, no podría estar una semana sin preparar algo, sin reflexionar sobre un nuevo film."

- "No podría trabajar con las ideas de otro, por ejemplo, con las de un guionista."

- "El arte nos prepara para la muerte. En su esencia misma, en su belleza, el arte nos fuerza a repetir ese instante final un número infinito de veces."

- "Cuando uno ve una película en una sala, cualquiera sea la suma que se haya pagado, también se paga en horas de vida. Una vez franqueada la puerta, una hora y media de nuestra vida se escapa irremediablemente. Ese tiempo no volverá jamás. ¡Imagínense cuál es la responsabilidad de un cineasta frente a hombres que van a perder una hora y medida de sus vidas para ver su obra!"

Además, Alexander Sokurov participó en la última edición del festival Punto de Vista de Pamplona, con el film Elegía de Moscú. En él, nuestro compañero Alex y Guillermo pudieron disfrutar de la obra de Nicolas Philibert, como quedó plasmado en el siguiente post: Nicolas Philibert, es y tiene.
No puedo despedirme sin que veáis el trailer, no es gran cosa y además está en italiano, pero sirve:



Página web de la película: Aleksandra.
Página web de Alexander Sokurov: The island of Sokurov.

Un saludo, la redacción de CinemaScope35.

2 comentarios:

Guillermo Rivas Pacheco dijo...

Guau! vaya crónica, me han dado muchas ganas de ver la película.

Pablo dijo...

Magnífica película, si señor. Y es que además sin disparar un solo tiro, y sin mostrarnos escenas de violencia alguna Sokurov nos radiografía todo un magnífico alegato anti-belicista. Una película de verdad muy,pero que muy acertada (aunque se ha dicho por ahí, que es una historia que no transmite nada de nada). Doctores tiene la Iglesia. Extraordinario tu trabajo,amigo mio, de auténtico maestro Saludos!!!
http://pablocine.blogia.com