jueves, 19 de febrero de 2009

Waltz with Bashir


Waltz with Bashir es una obra de arte

Vals im Bashir
, 2008 (nombre en hebreo) es un film documental, que está guiado por una animación brillante. Narra, con una divagación entre lo onírico y lo real, la inquietud que sintió el director, Ari Folman, al descubrir que no recordaba la masacre en los campos de refugiados palestinos: cuando los falangistas cristianos aniquilaron a la población con el beneplácito de las tropas israelíes. Era el año 1982, y la guerra entre Líbano e Israel marcó una muesca más en las contínuas violaciones de los derechos humanos que este Estado ha cometido desde su fundación. También habla de la memoria, y de esa capacidad misteriosa para bloquear determinados recuerdos y, de jugar con nuestro pasado. Así, la película se presenta como un viaje -una experiencia vital que deriva en reportaje- que pretende descubrir, gracias a entrevistas con antiguos compañeros del ejército, si Ari Folman vio ese crimen contra la humanidad.


El protagonista reacciona cuando un amigo le cuenta un sueño que se le repite desde la guerra. Entonces, la narración se apoya en otros personajes secundarios para hacer que la historia avance. Cada punto de vista ofrece una guerra diferente, una forma de vivir esos días; y es lo que ayuda a Ari Folman a explicar lo que ocurrió en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila. El aspecto onírico de la película aparece en la reconstrucción de los recuerdos, porque se van enlazando de la misma manera que en un sueño: ideas aisladas, que se distorsionan, que aparecen y desaparecen. Esta forma de estructurar el guión habla de los recuerdos que bloquea y esconde en un laberinto el soldado que ha sufrido en el frente. Pero también habla de la memoria colectiva, que es olvidadiza casi siempre, y que se convierte en cómplice de los crímenes. Es una llamada de atención a la sociedad de Israel, para que aprenda de los errores del pasado.


Es una película antibelicista, que ridiculiza la jerarquía militar y, que critica el abuso de poder de su propio ejército. Un aspecto del que se ha discutido estos meses debido a la "guerra" desatada por Israel en territorio palestino; el film habla del desequilibrio de fuerzas militares. Aspecto que, también, recuerda a la guerra de Irak. Además, igual que en la mini serie "Generation Kill", los soldados cantan en sus tanques, lo que refleja un ambiente relajado -ajeno a la realidad- que se ve normal porque los reclutas son jóvenes, inconscientes y, sobre todo, todavía inocentes.


Las tropas vuelven a casa de permiso y se encuentran con una sociedad que no les presta atención. Un día a día que no se ve afectado por ningún conflicto. El protagonista choca con la realidad, pero se difumina porque la masa le absorbe. Esto nos cuenta una realidad inquietante: la exposición a la violencia está adoptada con normalidad en nuestro día a día, y no sólo en Oriente Próximo. Este sentimiento que denuncian los veteranos de otras guerras impopulares, como Vietnam o Irak, ha evolucionado hacia un pacifismo extremo, que reniega de sus ciudadanos. Por ello, estos soldados sufren un trauma psicológico al no poder expresar su sufrimiento.

Además, la película habla de una generación quebrada por la guerra. Cada personaje tiene un relato propio, que expresan, a veces, con timidez, pero que es parte de su forma de ser. Otro símil con Estados Unidos y su cine, que tiende a reflejar esos problemas generacionales que las guerras han abierto en la sociedad. El último caso que recuerdo es "Gran Torino"(2008) de Clint Eastwood.


El último rasgo que quiero apuntar es el tratamiento estético del trabajo: Ari Folman ha diseñado una joya de la animación, que mientras se disfruta en la butaca de cine (salón u otros aposentos) un espectador siente que este guión tiene que venir de una novela gráfica, pero es el caso contrario, la película ha dado lugar al libro (fuente: blog LenteCreativo). Cada imagen es una perla, cuidada por su dueño, que cambia y evoluciona con los hechos, y que da protagonismo a los personajes terciarios. Esta fuerza del encuadre, esta importancia que da el director a cada imagen, me recuerda mucho a "En la Ciudad de Sylvia"(2007) de José Luis Guerín, una obra muy recomendable de la que prometo hablaros.


La película recoge una reflexión visual final (no desvelo información) desgarradora.

P.S:Los museos deberían reservar una sala para obras de este tipo. Ari Folman es un genio.

Un saludo. La redacción de Cinemascope35


Contenido adicional:
- Trailer en castellano
- Página web (inglés) de la película. Página de la distribuidora, Golem, en España.
- Otras películas de Ari Folman: "Clara Hakedosha", 1996; y "Made in Israel", 2001.
- Entrada relacionada: Chicago 10 de Brett Morgen

Esta entrada ha sido publicada también en el blog Sin Futuro y Sin Un Duro

'¡Schma Yisrael!'

9 comentarios:

Guillermo Rivas Pacheco dijo...

Dibujo espectacular, guión bueno y lo más importante, una profunda refleixión sobre los mecanismos de control mental-

ender dijo...

Procuraré verla, gracias por el análisis, muy completo....

Javier Cercas Rueda dijo...

Hola, soy Javier. He cambiado la dirección del blog Pasen y lean de http://javiercercas.blogspot.com a www.pasenylean.com. Cuanto tengas un momento, te pido por favor que cambies la dirección en tu enlace a mi página. ¡Muchas gracias por enlazarme y un saludo!

Ibarguren dijo...

Por lo que veo ya te la viste, coincido con tus apreciaciones sobre la película, está muy curiosa.

Yo tengo que re-verla en español, porque la vi en VOS en francés y creo que me he dejado partes sin entender. De todas formas, sólo con las imágenes ya era suficiente...

Y amén a lo del final, le puso el broche al film.

Un saludo.

David Aames dijo...

Mirad, chiquitos.
Estuve en el Actual 2009 y esta película me quitó las ganas de hacer una entrada sobre aquél mediocre maratón.
Vals cn bashir fue la primera que pusieron, a eso de las 00:30 de hace un par de meses.
Me parece la mayor basura manipuladora que ha salido por el culo o la nariz de un judío.
Estéticamente es buena, y eso es lo peor. Si no maquillaran o simplemente no tergiversaran hechos históricos, me hubiera gustado bastante. Me dió asco el final, muy a lo El último Rey de Escocia, pero en hijos de puta.

Ibarguren dijo...

Tampoco es como para ponerse así David, porque aunque estuviera basado en hechos reales, es "basado", y ya deberías saber lo que van a hacer con los acontecimientos de verdad. Hoy en día, para ver cosas en la pantalla que respeten la realidad tienes que irte a los documentales (y siempre vas a encontrar parcialidad).

También te digo que El Padrino exageraba muchas cosas, y seguro que indignó a más de uno. Pero no por eso deja de tener otras cualidades que se valoran...

Me parece que es como la gente que al ver una película de acción dice... ¡hala que flipada! Pero si la misma es de ciencia ficción, entonces está permitido. Vaya hombre.

A mí el final también me dio asco, pero es que tras hora y media de ver dibujos animados hay gente que se cree que eso no pasa, y me parece de puta madre que utilicen cualquier recurso para denunciar una guerra. Recuerda que ocultas las fotografías más duras de un acontecimiento, estás manipulando de una forma incluso más grave.

Sea cual sea el bando por el que me incline.

P.D. Yo la vi a las 7 de la tarde, sin sueño.

Daniel Rivas Pacheco dijo...

Javi, tío, la película no se mete en tu mente para manipularla, sólo habla de la dureza psicológica de la guerra. La matanza es un hecho histórico, no hay manipulación, la película critica la actitud del ejército israelí y de la sociedad.

David Aames dijo...

La actitud del ejército israelí critica?
Es la de que un tío se pone a bailar mientras mata no?
asi se denuncia la guerra, claro que sí.

Daniel Rivas Pacheco dijo...

El tío que se pone a bailar... no sé, tío, en Full Metal Jacket el personaje con la ametralladora de suelo también hace virguerías y se ríe de los enemigos; y no se le da más vueltas.

La película critica la actitud de los superiores, mostrando que los soldados no sabía qué hacer. Y también critica a los soldados por eso mismo, por no hacer nada y ser partícipes